5.6 millones de mexicanos han abandonado los servicios de salud por recortes presupuestales

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En México, según datos de la Secretaria de Hacienda y del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) del 2012 al 2017, el gasto en salud per cápita sufrió una contracción de 4 por ciento, decremento que contribuyó para que el número de personas que usaron las instituciones públicas o servicios de salud se redujera 12 por ciento, lo que representó un total de 5.6 millones de personas menos.

Ante estas cifras, la especialista en economía, Judith Méndez, advirtió que los sectores más vulnerables de la población son los que en mayor medida padecerán la restricción de recursos en materia de salud pública, pues se verían obligados a destinar parte de sus ingresos en atención médica privada.

Mientras que en 2014, 46.5 millones de personas reportaron haber usado los servicios de salud de las instituciones públicas o programas de salud, en 2017 sólo se registraron 40.8 millones. 

Al respecto, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), señaló que el sistema de salud en México continúa enfrentando grandes problemas, como el hecho de que opera como un conjunto de subsistemas distintos, cada uno con diferentes niveles de atención, dirigidos a diferentes grupos, con precios y resultados diferentes.

Este tipo de desequilibrios son los que generan déficit e insuficiencia financiera en las instituciones de la seguridad social, por lo que el gobierno debería aumentar su aportación para poder enfrentar la mayor demanda de servicios. Aunque en muchos casos tampoco funciona eso, ya que muchas veces se hace mal uso de recursos”, afirmó la titular de la Comisión de Seguridad Social, Araceli Damián González.

Como recordarás hace algunos meses, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) determinó que 31 de las 32 entidades del país presentaron irregularidades y subejercicios por 7 mil 62 millones 276 mil pesos en el Fondo de Aportaciones para los Servicios de Salud (FASSA).

El sistema de salud mexicano es un ogro burocrático, fragmentado e ineficiente, con listas de espera interminables y lastrado, además, por las enormes desigualdades entre las ciudades y el campo. Por eso es que la gente prefiere seguir enferma a acudir a uno.