El desarrollo de la tecnología nunca se detiene y dentro del campo médico se han logrado avances importantes para el diagnóstico oportuno de la enfermedad de Alzheimer. Lo que antes dependía, en gran medida, de la observación clínica de síntomas avanzados, hoy se apoya en una convergencia de herramientas como inteligencia artificial (IA), análisis de biomarcadores plasmáticos y técnicas avanzadas de neuroimagen.
Uno de los mayores logros recientes es el análisis de sangre que es capaz de detectar proteínas patológicas como la tau fosforilada (p-tau217) y las fracciones de beta-amiloide. Su objetivo es identificar alteraciones neurodegenerativas años antes de que aparezcan las primeras fallas de memoria perceptibles. Aunque es importante aclarar que no es el único avance porque existen otros que al final tienen el mismo objetivo.
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¿De qué forma ayuda la tecnología para identificar la enfermedad de Alzheimer?
Actualmente es posible identificar ciertas alteraciones biológicas relacionadas con el Alzheimer mediante herramientas como la tomografía por emisión de positrones (PET). Los criterios actualizados de la Alzheimer’s Association reconocen que algunos de estos cambios pueden aparecer cuando una persona todavía no presenta síntomas evidentes.
La imagen molecular permite observar dentro del cerebro la presencia y distribución de determinadas proteínas relacionadas con la enfermedad. En el caso del PET, existen estudios capaces de identificar acumulaciones de beta-amiloide o tau y aportar información que complementa la evaluación clínica.
Por otra parte, las pruebas sanguíneas comienzan a ampliar las posibilidades de detectar alteraciones asociadas con estos procesos de una manera más accesible.
Los herramientas tecnológicas son de utilidad pero no sustituyen la valoración médica
Contar con esta información antes no significa predecir con certeza cómo evolucionará cada persona ni sustituye la valoración médica. Los biomarcadores deben interpretarse junto con los síntomas, la historia clínica y otras evaluaciones, utilizando pruebas que hayan demostrado precisión suficiente para el propósito con el que se emplean.
“Comprender con mayor detalle los cambios que ocurren en el cerebro puede aportar información valiosa para los profesionales de la salud y contribuir a una evaluación cada vez más precisa. La innovación diagnóstica está permitiendo observar procesos que antes eran difíciles de identificar, siempre como complemento de la valoración clínica y del conocimiento del especialista”, señaló Alejandro Paolini, quien es Director General para México, Centroamérica y El Caribe de Siemens Healthineers.
Prevalece la desigualdad en Latinoamérica
Para América Latina, llevar estos avances a la práctica plantea todavía importantes desafíos. Un análisis publicado en Alzheimer’s & Dementia estima que la prevalencia de demencia entre las personas mayores de 65 años en la región ronda el 9% y advierte que el acceso a herramientas como PET y otros biomarcadores continúa siendo limitado y desigual entre los países.
El mismo análisis señala que los biomarcadores en sangre podrían contribuir a ampliar las posibilidades de evaluación en la región, aunque todavía es necesario generar mayor evidencia sobre su desempeño en poblaciones latinoamericanas y desarrollar criterios adaptados a los recursos y características de cada país.
Este avance científico convive con un desafío mucho más cotidiano. En México, autoridades de salud han advertido que muchos casos pueden permanecer sin diagnóstico porque la pérdida de memoria llega a considerarse erróneamente como una consecuencia normal del envejecimiento. La Secretaría de Salud (SSA) también ha señalado que los cambios cerebrales relacionados con el Alzheimer pueden comenzar años antes de la aparición de los síntomas.
Frente al crecimiento que se espera del Alzheimer para los próximos años por el envejecimiento poblacional, utilizar la tecnología para identificar oportunamente sus señales, acompañar a las familias y aprovechar de manera responsable las nuevas herramientas diagnósticas forma parte de una misma conversación.
