¿Baterías y dispositivos médicos comestibles? ¿De qué hablan estos investigadores?

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Tal vez la idea suene algo descabellada, pero investigadores de la Universidad Carnegie Mellon, en Pittsburgh, Estados Unidos, están cada vez más cerca de desarrollar las primeras baterías comestibles para dispositivos médicos ingeribles que podrían diagnosticar oportunamente varias enfermedades.

Los científicos a cargo de este trabajo mencionan que dichas baterías están hechas con pigmentos de melanina, sustancia que se encuentra en la piel, cabello y ojos.

Los avances de este trabajo fueron presentados en la 252 Reunión Nacional y Exposición de la Sociedad Americana de Química (ACS), en donde los expertos comentaron que durante años la comunidad científica se había planteado la posibilidad de crear dispositivos comestibles que permitieran el diagnóstico y el tratamiento oportuno de diversas enfermedades. 

“Para lograrlo se tiene que tomar en cuenta la toxicidad en caso de que se tome (el dispositivo) habitualmente. Es en esta etapa cuando debemos preguntarnos qué materiales de origen biológico podrían sustituir a las cosas que puedes encontrar en una tienda de informática”, dijo Christopher Bettinger, uno de los principales investigadores del presente trabajo.

Anteriores investigaciones ya habían diseñado dispositivos de un solo uso que empleaban baterías convencionales especialmente diseñadas para ser excretadas. Actualmente otros dispositivos contienen baterías con componentes tóxicos que se mantienen alejados del contacto con el cuerpo. Sin embargo, Christopher Bettinger señala que lo ideal sería contar con dispositivos no tóxicos y biodegradables.

“Recurrimos a la melanina y a otras sustancias de origen natural capaces de absorber la luz ultravioleta para eliminar los radicales libres y protegerse de daños. Esto ocurre también cuando unes o separas iones metálicos, por lo que nos dimos cuenta que este proceso es básicamente una batería”, detalló el experto. 

Basados en esta idea, los investigadores crearon diseños de baterías con pigmento de melanina, óxido de manganeso y fosfato de titanio de sodio, así como cobre, hierro, elementos que el organismo usa para mantener un normal funcionamiento.

“Los resultados han demostrado que estas baterías funcionan. Y aunque su capacidad es menor que una de ión de litio, es bastante eficaz para alimentar un dispositivo que administra medicamentos. De seguir por el buen camino, la batería podría ser usada para detectar cambios en el microbioma intestinal o incluso para introducir vacunas”, dijo Bettinger.