Biólogos logran desarrollar un tercer ojo funcional en escarabajos

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Biólogos de la Universidad de Indiana han desarrollado un tercer ojo adicional completamente funcional en el centro de la frente de un escarabajo común.

Lo anterior fue logrado gracias a la implementación de una herramienta genética simple que ayuda a comprender la evolución y por lo mismo permite crear nuevos rasgos complejos o recrear los ya conocidos en lugares novedosos.

“La biología del desarrollo es maravillosamente compleja en parte porque no hay un solo gen para un ojo, un cerebro, el ala de una mariposa o el caparazón de una tortuga”, explica el biólogo Armin P. Moczek, responsable del estudio que publica la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Esta experimentación ha sido comparada por los investigadores como una ‘construcción de legos’. Pero en lugar de la combinación de bloques de plástico de juguete para armar una nueva estructura, guían a los mecanismos biológicos hacia la construcción de nuevos rasgos físicos.

Puedes hacer cosas nuevas una y otra vez o en lugares nuevos usando el mismo conjunto de ‘ladrillos’.

Pero con los legos, sabemos las reglas: qué piezas van juntas y cuáles no. En biología, todavía nos cuesta entender qué va con qué.

Una de las formas en que los científicos han buscado obtener una visión más clara de este proceso es provocando el crecimiento de órganos «ectópicos», que se forman en la parte incorrecta del cuerpo.

Los primeros trabajos en este campo se han centrado en la formación de ojos de la mosca Drosophila melanogaster (mejor conocida como mosca de fruta) en el lugar equivocado, como en el ala o una pata. Sin embargo, estos experimentos requieren la activación de genes reguladores importantes en la nueva ubicación, una técnica que se limita a unos pocos organismos de estudio.

Para el ojo que al final resultó funcional, los científicos tuvieron que realizar múltiples pruebas para probar que la estructura tenía los mismos tipos de células, expresaba los mismos genes, desarrollaba conexiones nerviosas apropiadas y provocaba la misma respuesta conductual que un ojo normal.

Este hallazgo podría mejorar las cuestiones fundamentales en el desarrollo, evolución y medicina. Por ejemplo, comprender cómo los órganos complejos organizan su crecimiento e integración en el cuerpo son desafíos deben superar para comenzar a desarrollar órganos artificiales funcionales para la investigación y el trasplante.