Cada año cuando se conmemora el Día Mundial Sin Tabaco me encuentro frente a la misma conversación: los riesgos del consumo, la importancia de prevenir y la necesidad de seguir concientizando. Y cada año, también regresa esa sensación persistente de que, si bien el problema está claramente identificado, las respuestas todavía no avanzan con la misma contundencia.
Hoy, la discusión ya no debería centrarse solo en reconocer el daño del tabaco, sino en asumir que la salud respiratoria sigue sin ocupar el lugar que debería en la agenda pública.
Las cifras son imposibles de ignorar: la Organización Mundial de la Salud señala que, en 2021, 3.3 millones de muertes relacionadas con el tabaco estuvieron vinculadas a enfermedades pulmonares. (1) Este dato, por sí solo, debería ser suficiente para detonar una acción mucho más decidida y sostenida.
A esto se suma un contexto que complica aún más el cuadro: el cambio climático, los virus respiratorios y la contaminación están agravando de forma simultánea la carga de la enfermedad. Cuando el 99% de la población mundial respira aire fuera de los estándares recomendados, me resulta evidente que no estamos frente a un problema aislado, sino estructural. (2)
El resultado es una presión creciente sobre la salud respiratoria que difícilmente puede explicarse por un solo factor.
En ese escenario, la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) es la prueba clara del costo de llegar tarde. A pesar de que estamos frente a un padecimiento que puede ser prevenible y tratable, entre el 65% y el 80% de los casos permanecen sin diagnóstico, (3) lo que implica millones de personas con una calidad de vida comprometida.
En América Latina, y particularmente en países como México, Brasil y Colombia, la alta mortalidad y discapacidad asociadas con la enfermedad han ejercido una presión significativa sobre los sistemas de salud, principalmente por las altas tasas de subdiagnóstico y el acceso limitado a tratamientos especializados. (4) De igual forma, los gastos asociados a enfermedades crónicas, incluida la EPOC, están empujando cada año a millones de personas hacia la pobreza. (5)
Lo que más llama la atención es que entendemos lo que está pasando, sabemos qué hacer, pero no lo estamos realizando a la escala necesaria.
La prevención del tabaquismo es indispensable, sí, pero es insuficiente si no viene acompañada de una estrategia integral de salud respiratoria. Seguir insistiendo en acciones aisladas ya no alcanza. Este Día Mundial Sin Tabaco puede ser el punto de inflexión para asumir que la respuesta requiere un enfoque más coordinado. Tenemos que convertir la salud respiratoria en una prioridad nacional, ampliar el enfoque y la forma como estamos abordando el problema.
Por un lado, es indispensable continuar con las políticas de control del tabaco; pero, al mismo tiempo, avanzar con determinación en otros frentes: mejorar la calidad del aire, fortalecer la inmunización para prevenir infecciones respiratorias y priorizar la detección temprana de enfermedades pulmonares crónicas en el primer nivel de atención.
Por ejemplo, la estandarización de las pruebas de función pulmonar como la espirometría en revisiones médicas de rutina podría romper el estigma que rodea a las enfermedades respiratorias y fomentar diagnósticos más tempranos. Implementar programas comunitarios en escuelas y lugares de trabajo sería clave para llegar a las poblaciones más vulnerables y promover una cultura de prevención respiratoria.
También hay que garantizar el acceso equitativo a tratamiento porque la innovación en salud respiratoria existe, pero su impacto depende de su disponibilidad en los sistemas de salud y de su alcance en las poblaciones más vulnerables.
Ahora bien, si algo queda claro es que este desafío no le corresponde únicamente al sector salud. La calidad del aire, por ejemplo, depende de decisiones ambientales, de transporte, de planeación urbana, etc. La prevención también pasa por la educación, los entornos laborales y la comunicación pública. La única forma de avanzar es mediante una cooperación real entre sectores: gobierno, iniciativa privada, academia y sociedad civil empujando en la misma dirección.
El costo de no hacerlo ya es evidente. Cada diagnóstico que no llega a tiempo, cada tratamiento inaccesible, cada política que se posterga, amplía la brecha entre lo que sabemos y lo que hacemos.
El desafío no es la falta de conocimiento, sino la velocidad y la escala de la respuesta. La oportunidad está frente a nosotros. Priorizar la salud pulmonar no es solo una decisión sanitaria; es una apuesta por la calidad de vida, la productividad y el futuro. Porque, si algo no podemos seguir posponiendo, es la necesidad de respirar mejor.
Referencias
1 World Health Organization. Promoting and prioritizing an integrated lung health approach. 2025.
2 The Health Policy Partnership. Lung Health for Life. Consultado el 29/04/26
3 The Health Policy Partnership. Lung Health for Life. Consultado el 29/04/26
4 National Library of Medicine. Desafíos y oportunidades en el manejo de la EPOC en América Latina: una revisión de las terapias de inhalación y los sistemas avanzados de administración de fármacos. Consultado el 21/05/26
5 IFPMA. From innovation to access: Pharmaceutical industry priorities ahead of the 4th UN High-Level Meeting on NCDs and Mental Health. 2025.
La Dra. Luján Forti es la Directora Médica para Sanofi Farma en Latinoamérica.
