En México, el cáncer infantil sigue siendo uno de los principales retos de salud pública, no solo por su incidencia, sino por la complejidad de sus tratamientos. En este contexto, la medicina genómica ha comenzado a transformar la forma en que se diagnostica y trata la enfermedad, con avances impulsados por el Instituto Nacional de Medicina Genómica (INMEGEN) que buscan un objetivo clave: reducir la toxicidad de las quimioterapias en pacientes pediátricos.
La quimioterapia ha sido el tratamiento estándar para muchos tipos de cáncer infantil
Tradicionalmente, la quimioterapia ha sido el tratamiento estándar para muchos tipos de cáncer infantil, como la leucemia linfoblástica aguda. Sin embargo, su principal limitación es que no distingue entre células sanas y cancerosas, lo que genera efectos secundarios severos que pueden afectar el desarrollo físico y cognitivo de los niños. Aquí es donde la medicina genómica marca un punto de inflexión.
A través del análisis del ADN tumoral y del perfil genético del paciente, el INMEGEN ha desarrollado estrategias de medicina de precisión que permiten personalizar los tratamientos. Esto significa que, en lugar de aplicar esquemas generales, los médicos pueden elegir terapias más dirigidas, eficaces y menos agresivas. De hecho, proyectos de farmacogenómica en población pediátrica buscan identificar cómo las variaciones genéticas influyen en la respuesta y toxicidad a la quimioterapia, permitiendo ajustar dosis y reducir efectos adversos.
Uno de los avances más relevantes es la Iniciativa Mexicana para la Oncogenómica Pediátrica (IMOP), que utiliza secuenciación de nueva generación y paneles de cientos de genes para detectar alteraciones específicas en los tumores. Esta información no solo mejora el diagnóstico, sino que permite anticipar la respuesta al tratamiento y seleccionar terapias dirigidas con menor impacto tóxico.
El fortalecimiento de plataformas de diagnóstico genómico es una apuesta
Además, el INMEGEN ha apostado por fortalecer plataformas de diagnóstico genómico accesibles a nivel nacional, con el objetivo de que más niños puedan beneficiarse de estas innovaciones. La integración de inteligencia artificial, biología de sistemas y datos genéticos está abriendo nuevas posibilidades para diseñar tratamientos más seguros y efectivos.
El impacto potencial es significativo: reducir la toxicidad no solo mejora la calidad de vida durante el tratamiento, sino que también disminuye secuelas a largo plazo, como problemas cardíacos, neurológicos o inmunológicos. En un país donde se registran alrededor de 150 casos nuevos de cáncer infantil por cada millón de niños, estos avances representan una esperanza concreta para miles de familias.
El reto ahora es escalar estas innovaciones y garantizar su acceso equitativo. La medicina genómica no solo promete tratamientos más inteligentes, sino una nueva forma de entender el cáncer infantil: menos invasiva, más precisa y centrada en el paciente.
