La narcolepsia es uno de los trastornos del sueño más complejos. Si bien no está en el foco de atención del sector salud, es una enfermedad muy difícil para quien la padece. No solo es porque no existe realmente una cura, sino porque ni siquiera se sabe cuál es su causa. Pero un grupo de investigadores de la Universidad de Copenhague se han acercado un poco más a la solución.

Birgitte Rahbek Kornum, coautora líder de la investigación, afirma que desde hace años hay evidencia que apunta a que la narcolepsia es un padecimiento autoinmune. Sin embargo, las pruebas no son suficientes para hacer una comprobación determinante. Su estudio, publicado en Nature Communications, proporciona nuevos elementos que fortalecen la teoría.

Encontramos células CD8 T citotóxicas en la sangre de pacientes con narcolepsia. Es decir, estos organismos reconocen a las neuronas que producen orexina. La hormona regula el despertar de los pacientes. Sin embargo, esta situación no prueba que estas herramientas inmunes de hecho fueron responsables de destruirlas. Pero es un paso adelante. Ahora sabemos su objetivo.

Un largo camino en la narcolepsia autoinmune

Para sus hallazgos, Rahbek Kornum y su equipo analizaron muestras de sangre de 20 pacientes con narcolepsia. También se recolectó tejido de 52 individuos sanos de control. En casi todas las personas con la enfermedad se encontraron las células CD8 T autoreactivas. Más sorprendente aún, gente sin la afección también tenía una buena concentración de los microorganismos.

La experta apuntó que este fenómeno es común en varias afecciones autoinmunes. El potencial de la narcolepsia y otras condiciones, explica, está en muchas personas. Sin embargo, no es hasta que se activan las células responsables que empiezan a presentarse los síntomas. Apunta que todavía debe analizarse exactamente qué fenómeno provocaría que el “switch” se encendiera.

Ahora probablemente nos enfoquemos más en tratar la narcolepsia con fármacos que actúen sobre el sistema inmune. Este acercamiento ya se ha encontrado con anterioridad. La hipótesis de que es una enfermedad autoinmune ha existido por años. Pero ahora que sospechamos que está guiada por las células T, podemos crear terapias mucho más precisas y efectivas.

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