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Todos sabemos que como profesionales de la salud, es importante fomentar en todos nuestros pacientes hábitos de vida saludables. Pero, la mayoría de nosotros no hace el énfasis suficiente en la importancia de esta práctica y es una de las causas de la poca adhesión a los tratamientos y la poca efectividad de los mismos en pacientes con enfermedades crónicas.

Si un paciente diabético no entiende el daño que le produce el consumo indiscriminado de azúcares a su cuerpo, o un paciente hipertenso no reduce su consumo de sal; difícilmente, pueden tener éxito en la compensación de estas patologías. Es por ello, que el médico juega un papel fundamental en la consecución de mejores patrones de conducta, especialmente en pacientes crónicos.

El problema radica en que solemos repetir los mismos consejos genéricos, en los cuales les recomendamos alejarse de los vicios, la comida chatarra y realizar más ejercicio. Pero realmente, no damos a nuestros pacientes recomendaciones prácticas de como llevarlo a cabo día tras día y mantenerlo por largos períodos de tiempo. Según un estudio del University College of London, un hábito que tarda en consolidarse 66 días. Por lo tanto, si no logramos que nuestros pacientes entiendan la importancia de apegarse a las recomendaciones que le damos, durante ese período de tiempo, es muy probable que no logremos una adherencia al tratamiento o a nuevos patrones de vida.

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Empezar de a poco

Todo comienzo es difícil, y a la mayoría de los pacientes les resulta abrumador dar el primer paso y pensar que esa será la conducta que tendrá que llevar por el resto de su vida. Por lo tanto, nuestro deber como orientadores es brindar soluciones viables para que puedan lograr el cambio.

En vez de entregar a tus pacientes una larga lista de restricciones que probablemente no cumplirán, prueba sugerirles iniciar por acciones pequeñas, como reducir el consumo de tabaco, el nivel de sal o las grasas en las comidas, la cantidad de dulces y dar caminatas pequeñas de sólo 5 o 10 minutos. La introducción paulatina de rutinas, suele funcionar mejor que las imposiciones abruptas, a menos de que sea estrictamente necesario el cambio para salvar la vida del paciente.

Prestar atención al bienestar emocional

Nuestras emociones tienen un impacto directo en nuestra salud, ya que cuando nos sentimos bien tenemos la tendencia a desarrollar hábitos más saludables. Comer mejor, dormir mejor, realizar ejercicios y actividades de esparcimiento, son parte habitual de la rutina en personas mentalmente saludables; por lo que recomendar la visita a un profesional de la salud mental, siempre es muy importante

Llevar una adecuada gestión del tiempo

Si existe un agente determinante para desencadenar malos hábitos, es el estrés. La falta de tiempo y el exceso de responsabilidades, suele ser el detonante de muchos problemas de salud. Causados principalmente por la ingesta de comidas poco adecuadas, con alto contenido de grasa y azúcar, fuera del horario habitual; el consumo indiscriminado de café, tabaco, alcohol y el sedentarismo.

En este sentido, concientizar sobre la importancia de una adecuada gestión del tiempo y de las responsabilidades, debe ser una de las prioridades de todo profesional de salud. Además, debe hacerse énfasis en la importancia de seguir la medicación de la forma apropiada, en las horas recomendadas y la práctica de alguna actividad física regularmente.  

 

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