¿Cómo se debe diagnosticar el Trastorno Afectivo Estacional?

Tan solo en México se estima que entre el 4 y 8 por ciento de la población sufre de Trastorno Afectivo Estacional.

El inicio de cada año siempre es complicado. Por una parte, después de todas las celebraciones de Navidad es momento de regresar a la rutina diaria. Mientras que el clima invernal genera una sensación de tristeza en algunas personas. De igual forma se deben añadir otros aspectos como la actual emergencia sanitaria que parece no tener final. Aunque parece algo simple, todos estos elementos pueden derivar en cuadros de Trastorno Afectivo Estacional.

En una de sus definiciones más sencillas se trata de un tipo de depresión. Ocurre durante ciertas estaciones del año, con mayor frecuencia otoño o invierno. Según el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) afecta entre el cuatro y ocho por ciento de la población general.

De acuerdo con el Massachusetts General Hospital, se cree que el hecho de que los días sean más cortos y haya menos luz solar puede desencadenar un cambio químico en el cerebro que conduce a síntomas de depresión. Mientras que la terapia de luz y los antidepresivos pueden ayudar en su tratamiento.

¿Quién está en riesgo?

En México 4.4 millones de personas experimentan depresión invernal cada año. El Trastorno Afectivo Estacional a menudo comienza durante la edad adulta. En tanto que el riesgo aumenta con la edad, por eso es raro que ocurra en jóvenes y adolescentes. Las mujeres se ven afectadas con más frecuencia que los hombres.

¿Qué causa el Trastorno Afectivo Estacional?

Se cree que menos luz solar y días más cortos están relacionados con un cambio químico en el cerebro y pueden ser parte de las causas de la depresión estacional. También la melatonina, una hormona relacionada con el sueño. El cuerpo produce naturalmente más melatonina cuando está oscuro.

¿Cuáles son sus síntomas?

Mayor sueño y somnolencia durante el día.
Pérdida de interés y placer en actividades que antes se disfrutaban.
Retraimiento social y mayor sensibilidad al rechazo.
Mal humor y ansiedad.
Sentimientos de culpa y desesperanza.
Cansancio extremo (fatiga).
Disminución del deseo sexual.
Disminución de la capacidad de concentración.
Problemas para pensar con claridad.
Aumento del apetito, especialmente por dulces y carbohidratos.
Aumento de peso.
Problemas físicos, como dolores de cabeza.
Los síntomas tienden a reaparecer y luego mejorar aproximadamente en las mismas épocas cada año.

Clasificación

  • Inicio de otoño. Este tipo también se llama depresión invernal. Los síntomas de la depresión comienzan desde finales de otoño hasta los primeros meses de invierno. Se alivian durante los meses de verano.
  • Inicio de primavera. Este tipo también se llama depresión de verano. Los síntomas de este tipo de depresión comienzan a finales de la primavera hasta principios del verano. Este tipo es mucho menos común.

¿Cómo se diagnostica?

La depresión estacional a menudo ocurre con otras condiciones médicas, como enfermedades cardíacas o cáncer. También puede ocurrir con otros trastornos del estado de ánimo, como el abuso de sustancias o la ansiedad. Por estos motivos, el diagnóstico y el tratamiento de forma temprana son fundamentales para la recuperación.

Los especialistas de Massachusetts General Hospital sostienen que se puede hacer un diagnóstico de TAE después de un meticuloso examen de salud mental y un historial médico. Estos los realiza un psiquiatra o algún otro proveedor de salud mental.

¿Cómo se trata?

El tratamiento para el trastorno afectivo estacional de invierno y verano a menudo difiere. Pueden incluir cualquiera de estos elementos:

  • Exposición al sol. Pasar tiempo al aire libre o cerca de una ventana puede ayudar a aliviar los síntomas.
  • Terapia de luz. Si no es posible aumentar la luz solar, la exposición a una luz especial durante una cierta cantidad de tiempo cada día puede ayudar. Ciertas fuentes de luz son las mejores.
  • La terapia cognitivo-conductual o interpersonal ayuda a cambiar las opiniones distorsionadas que pueden tenerse de uno mismo y del entorno. Puede ayudar a mejorar las habilidades para relacionarse interpersonalmente, así como identificar las causantes de estrés para aprender a manejarlas. Estos medicamentos recetados pueden ayudar a corregir el desequilibrio químico que puede provocar.