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Muchos médicos han trabajado con pacientes que tienen dificultades para participar en la consulta. Las razones que da el paciente son muchas: 

  • Estoy demasiado cansado 
  • Mi familia no me puede acompañar.
  • Tengo miedo 
  • Es demasiado difícil. 
  • Me siento mal pero no quiero. 

Entonces, ¿Cuál es el método correcto para que los profesionales de la salud manejan estas situaciones?. En medio de una consulta o terapia es importante la cooperación del paciente. De ello depende en gran parte el éxito del diagnóstico y el tratamiento. Si te encuentras con pacientes rebeldes o que definitivamente no quieren dejar hacer la revisión de rutina, te recomendamos poner en práctica estos consejos.

Primero, intenta determinar la causa raíz del rechazo. Luego, realiza un seguimiento de los cambios en la forma en que involucras al paciente en las consultas.

Los cambios potenciales podrían incluir:

  • Trabajar con el paciente para determinar un horario que funcione para atenderlo.
  • Utilizar un terapeuta diferente para proporcionar el tratamiento
  • Ver al paciente con más frecuencia, por períodos de tiempo más cortos
  • Tener a alguien más contigo para que los acompañe (si tienen miedo de caerse)

Si después de modificaciones y cambios el paciente continúa rechazando el tratamiento, recuerde que tiene derecho a rechazar y administrar su propia atención. En este caso, es importante respetar sus decisiones y suspender la atención.

¿Debe el médico administrar el tratamiento en contra de los deseos del paciente?

Sorprendentemente, hay poca orientación para los médicos, a pesar de que la situación surge con frecuencia. Para abordar esta brecha, crearon recientemente una serie de preguntas para guiar a otros que se enfrentan a estas situaciones éticamente complejas. 

Una de ellas, publicada que explica una de las situaciones más comunes es precisamente: ¿Cómo deciden los médicos seguir adelante y tratar a un paciente que carece de capacidad de decisión y se niega a la intervención médica?

Los médicos, a menudo terminan tomando una decisión unilateral sin orientación. Dependiendo del juicio clínico de los médicos, el conocimiento de las cuestiones éticas y el conocimiento de la ley, sus decisiones pueden o no ser éticamente apropiadas.

Parte del problema es que no hay nada en la literatura médica que ayude a los médicos a lidiar con esta difícil situación. Existen pautas para ayudar a determinar si un paciente tiene capacidad de decisión. Y existen políticas y leyes bastante claras con respecto a la ética y la legalidad de brindar atención psiquiátrica a los pacientes que la rechazan. Pero no hay nada que pueda ayudar a los profesionales de la salud a abordar el problema de brindar tratamiento médico en contra de los deseos de los pacientes que carecen de capacidad de decisión.

Entonces, ¿Qué se debe hacer cuando es obvio que un médico debe ignorar los deseos del paciente y administrar el tratamiento? ¿Y cuándo no es tan obvio?

Un ejemplo simple de cuándo sería apropiado un tratamiento por encima de la objeción de un paciente, es si un paciente psicótico tiene una infección que amenaza su vida y que se puede tratar fácilmente, pero éste se niega a tomar antibióticos por razones irracionales. El tratamiento salvaría la vida del paciente sin suponer un riesgo significativo para él mismo.

Cuando no es probable que el tratamiento sea tan eficaz y pueda causar complicaciones graves, o cuando el riesgo para el paciente no es tan claro, las cuestiones éticas son más complejas.  

 

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