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Muchas personas desconocen que los inicios de la impresión 3D se remontan a 1976, año en el que se inventó la impresora de inyección de tinta. Posteriormente, este sistema evolucionó a la impresión con materiales plásticos. Lo que ha permitido el desarrollo en todo tipo de industrias, y en especial ha potenciado muchos avances en el campo de la medicina.

El primer órgano que se creó a partir de esta tecnología, fue una vejiga urinaria en el año 1999. Para lograrlo, se utilizaron células del propio paciente, se criaron en un laboratorio y posteriormente se estructuraron en forma de vejiga urinaria, con lo que redujo significativamente el riesgo de rechazo al trasplante.

Durante los últimos años se ha investigado la posibilidad de que, mediante la tecnología de impresión 3D, se produzcan riñones funcionales y vasos sanguíneos. Aunque los mayores avances se han visto sin duda en el desarrollo de todo tipo de prótesis.

A pesar de que los investigadores apuntan a la creación de órganos funcionales que puedan contribuir a solucionar el problema de la donación de órganos, en los últimos años se ha encontrado una aplicación interesante para este tipo de tecnología. Y es precisamente, la impresión de órganos 3D para que médicos en formación cuenten con modelos de práctica de alta fidelidad.

Órganos “falsos” para estudiantes

Sin embargo, aún con los avances tecnológicos la creación de modelos bio impresos con características reales, no ha estado exenta de desafíos. Para empezar, porque para que el modelo funcione, no solo debe verse como un corazón real, sino que también debe sentirse como uno.

Recientemente, investigadores de la Universidad Carnegie Mellon han logrado desarrollar el primer modelo de tamaño real de un corazón humano bio impreso en 3D. La diferencia entre este y otros modelos, es que imita de manera realista la consistencia del tejido cardíaco, además de respetar los relieves y surcos propios del órgano, así como todas las estructuras anatómicas.

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Para lograrlo, utilizaron una técnica llamada Freeform Reversible Embedding of Suspended Hidrogels (FRESH), la cual utiliza una aguja para inyectar tinta biológicamente compatible en un recipiente con hidrogel. La función del hidrogel es darle sostén al objeto a medida que este se imprime. Una vez culminado el proceso, se aplica calor para que el hidrogel se derrita separando de esta forma del objeto impreso.

Nuevas oportunidades para la medicina

De patentarse esta tecnología, se abriría la posibilidad a la impresión en masa de modelos cardíacos, y quizás de otros órganos, con fines académicos. Esto ayudaría a cirujanos en formación a practicar de una forma totalmente segura antes de enfrentarse a los pacientes, lo que probablemente conlleva a la consecución de cirugías más seguras. Las posibilidades son infinitas, ya que incluso podríamos estar hablando de emular características físicas de órganos reales con diversas patologías e imprimirlos para estudiar el caso con una réplica real antes del acto quirúrgico.

Lo que facilita además la discusión y presentación de los casos clínicos, entre muchas otras ventajas. Es posible que estemos viviendo uno de los hitos más grandes de la medicina que podría implicar la sustitución de cadáveres para estudio, por modelos realistas 3D. Por lo que, quedamos a la expectativa del futuro de esta tecnología en la emulación de otros órganos complejos.  

 

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