Aunque en muchas ocasiones pasa desapercibida, la microbiota intestinal es muy importante para la salud y prevenir múltiples enfermedades de distinta magnitud. Fue apenas en 2017 cuando un estudio mostró que tiene una relación directa con el desarrollo del cáncer de colon. A partir de esto se ha trabajado en desarrollar nuevos métodos más eficientes para combatir esta neoplasia y ofrecerle una mejor calidad de vida a los pacientes.

Del intestino hasta la cabeza

Sumado a lo anterior, ahora un trabajo ha identificado que cuando existe un desequilibrio podría desencadenar un proceso inflamatorio capaz de alterar las barreras de protección del organismo y provocar neuroinflamación. Como consecuencia, existe el riesgo de la posible formación de placas amiloides, lo que propiciaría la aparición o el agravamiento de la enfermedad de Alzheimer.

Para llegar a esta conclusión se realizó un estudio con 89 personas de entre 50 y 85 años con rendimientos cognitivos variables, desde normales hasta trastornos cognitivos con pérdida de memoria, asociados o no a la enfermedad. Mientras que un equipo de investigadores midió depósitos amiloides en diferentes zonas del cerebro, a la vez que analizó la concentración en sangre tanto de moléculas derivadas de la microbiota intestinal como marcadores pro y antiinflamatorios y marcadores de la disfunción endotelial.

De acuerdo con sus resultados recuperados por el Biocodex Microbiota Institute, se observó una correlación positiva entre los depósitos amiloides y la concentración sanguínea de lipopolisacáridos y ácidos grasos de cadena corta y ciertas citocinas proinflamatorias. Además hay una correlación negativa con la concentración de butirato y la citocina antiinflamatoria IL-10.

Motivos de esta relación

Los científicos interpretan estas correlaciones como la prueba de que un aumento de la concentración de acetato, valerato y lipopolisacáridos podría comprometer la integridad de la barrera intestinal, provocar y mantener una inflamación sistémica de baja intensidad, alterar la barrera hematoencefálica y, finalmente, dejar penetrar en el sistema nervioso central compuestos proinflamatorios que propicien o agraven el Alzheimer.

Si bien no es posible establecer una relación causal a partir de sus hallazgos, los investigadores destacan el hecho de, a partir de ellos, desarrollar estrategias de prevención basadas en un enriquecimiento de la microbiota con bacterias o metabolitos beneficiosos, una vez que se haya precisado el perfil microbiano característico del Alzheimer.

En ese sentido, se debe recordar que en México el Alzheimer es la demencia más frecuente. Actualmente tiene una incidencia de 27.3 casos por cada mil personas cada año. Además su presencia es más evidente en mujeres, en quienes se desarrolla a edades más tempranas que en los hombres, con mayor riesgo entre los 50 y los 60 años. En tanto que para 2050 se estima que la cifra de mexicanos afectados por esta enfermedad será de más de 3.5 millones.