A lo largo del año hay fechas relacionadas con la salud y hoy es una de las más importantes. Cada 23 de septiembre se conmemora el Día Internacional del Residente. Es un día que tiene el objetivo de reconocer a todos los jóvenes que no se conforman con la carrera de Medicina y buscan continuar con sus estudios. Aunque ya enfrentaron un largo camino todavía lo extienden por más años y eso lleva a una pregunta clave: ¿Vale la pena estudiar una especialidad médica en la actualidad?

Antes de avanzar es necesario poner en contexto el origen de esta celebración. Fue precisamente el 23 de septiembre de 1849 cuando nació William Halsted. Fue este cirujano estadounidense quien, junto a William Osler, fundó el primer programa formal de residencias en el Hospital John Hopkins. A partir de entonces se vio la necesidad de crear a médicos que tuvieran un profundo conocimiento en una especialidad específica.

Desde entonces han pasado muchos años y especialmente en México existen fuertes discusiones con respecto a lo olvidado que se encuentra el residente por el sistema de salud. Inclusive se ha llegado a catalogar como el elemento más explotado dentro de cualquier hospital.

El camino que se debe recorrer

En ese sentido, se debe recordar que para estudiar una especialidad primero se debe superar una dura y complicada prueba. Se trata del Examen Nacional de Aspirantes a Residencias Médicas (ENARM) y a la fecha muy pocos doctores son aceptados cada año. Eso genera frustración en miles de jóvenes que no pueden continuar con su formación profesional.

Pero ahora es necesario hablar de los que sí aprueban el ENARM y pueden hacer una especialidad. El principal problema es que carecen de una figura legal. Eso deriva en que sean olvidados por el sistema al que pertenecen durante todo el tiempo que dura su residencia.

¿Son estudiantes o trabajadores?

La disyuntiva de las residencias médicas es que no se determina con claridad el papel de cada uno. Por una parte algunos los consideran becarios por el simple motivo de que reciben una beca y depende de un médico responsable. A su vez, cuando existen problemas con los pacientes les adjudican responsabilidades legales como cualquier otro profesional. Esto significa que en algunas ocasiones sí son médicos generales y en otras no.

Lo cierto es que todos deben hacer funciones como las de cualquier médico aunque con jornadas de trabajo extremas. Se ha vuelto común que enfrenten guardias de hasta 36 horas continuas sin poder descansar. Sin importar su nivel de cansancio deben de estar listos para atender pacientes y eso atenta contra su propia integridad.

Por este nivel de explotación es que muchos se cuestionan si realmente vale la pena estudiar una especialidad médica. Al final la satisfacción es muy grande pero el problema es el camino que se debe recorrer y durante el cual hay muy pocos apoyos.