El mundo moderno está marcado por el uso constante de teléfonos y pantallas que promueven el sedentarismo. Para contrarrestar esta situación es fundamental promover el ejercicio físico infantil porque es una estrategia para combatir la obesidad desde los primeros años de vida. Aunque en realidad el impacto de este tipo de actividades va más allá.
Para empezar, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que aproximadamente 160 millones de niños y adolescentes viven con obesidad a nivel global. Y si además se agrega a los que tienen sobrepeso entonces la cifra se eleva a casi 400 millones.
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Ejercicio físico infantil, beneficios que van más allá del peso
En el mundo actual el ejercicio físico infantil ha dejado de ser una actividad recreativa opcional para convertirse en un pilar esencial del desarrollo humano. No se trata sólo de quemar energía o evitar el sobrepeso, sino de construir la arquitectura biológica, cognitiva y emocional sobre la cual se asentará la vida adulta.
La evidencia científica confirma que la actividad física no sólo fortalece el cuerpo, sino que también impulsa el desarrollo cognitivo. Estudios recientes como The effect of acute treadmill walking on cognitive control and academic achievement in preadolescent children publicado en Neuroscience señalan que el ejercicio puede aumentar el coeficiente intelectual (CI) de niños y adolescentes cuatro puntos en promedio, un impacto comparable al de un año adicional de educación formal.
Además, realizar actividad física entre 30 y 60 minutos, de tres a cinco veces por semana, se asocia con mejoras en la memoria, la concentración y el rendimiento académico.
“El movimiento es una herramienta clave para el aprendizaje. Cuando los niños se mantienen activos, no solo mejoran su condición física, también desarrollan habilidades cognitivas esenciales como la atención, la memoria y la resolución de problemas”, explica Mónica Hurtado, nutrióloga y fundadora de Quiero Saber Salud.
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La hidratación también influye en la salud física y mental de los niños
A estos beneficios se suma un factor muchas veces subestimado: la hidratación. Durante la infancia, una adecuada ingesta de líquidos es fundamental para mantener el rendimiento físico y mental. Incluso una deshidratación leve puede afectar la concentración, el estado de ánimo y la capacidad de respuesta.
“La hidratación es parte esencial de un estilo de vida saludable. En niñas y niños activos, mantenerse bien hidratados favorece la energía, la concentración y el desempeño tanto en la escuela como en la actividad física”, agrega Hurtado.
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¿Cómo mejorar la neuroplasticidad en los infantes?
Las investigaciones también muestran que integrar actividad física dentro del entorno escolar puede potenciar habilidades como la lectura, el vocabulario y la comprensión. Incluso sesiones breves hacen la diferencia: con solo 20 minutos de caminata se incrementa la actividad cerebral en áreas relacionadas con la atención y el control cognitivo.
Estos efectos están vinculados con la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para adaptarse y crear nuevas conexiones neuronales. La actividad física aumenta el flujo sanguíneo cerebral y estimula la liberación de factores que favorecen el aprendizaje y la memoria, especialmente en etapas clave como la infancia.
En este contexto, acompañar la actividad física con hábitos adecuados de hidratación es fundamental. Se recomiendan líquidos de forma constante antes, durante y después del ejercicio, así como fomentar su consumo a lo largo del día.
