El colesterol alto se suele asociar exclusivamente con sus efectos nocivos en la salud del corazón; sin embargo, las consecuencias pueden ser más extensas. Cuando se incrementa la acumulación de placa en las arterias y especialmente cuando este proceso compromete aquellas que llevan sangre al cerebro, puede aumentar el riesgo de un infarto cerebral isquémico.
Esta relación cobra especial relevancia porque el colesterol elevado generalmente no presenta síntomas y puede permanecer sin ser detectado durante años. De acuerdo con la última Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut 2022), en México se estima que casi el 50% de las personas que viven con colesterol elevado no lo saben.
También lee: ENARM 2026 tendrá un cambio drástico: ¿Se puede llegar tarde a las sedes?
El colesterol alto suele ser silencioso
Una de las principales dificultades para detectar esta alteración es que generalmente no produce síntomas específicos. El cansancio, dolor de cabeza u otras molestias habituales no permiten determinar por sí mismas si una persona tiene colesterol elevado.
La única manera de conocer los niveles de colesterol es mediante un análisis de sangre denominado perfil lipídico, que puede medir colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos.
La frecuencia con la que debe realizarse depende de la edad, antecedentes familiares, enfermedades existentes y otros factores de riesgo cardiovascular. Por ello, la interpretación de los resultados debe realizarse de manera individualizada.
Mochila de emergencia: todos los elementos esenciales que debe tener
Relación entre el colesterol y la salud cerebral
El impacto de las enfermedades cerebrovasculares en México hace especialmente importante hablar de prevención. El infarto cerebral representa la primera causa de discapacidad en adultos mayores y la segunda causa de muerte a nivel nacional.
A esto se suma que cerca del 60% de la población adulta en México presenta niveles elevados de colesterol LDL, lo que hace que se vaya acumulando grasa en las arterias que llevan sangre y oxígeno al cerebro. Si el flujo sanguíneo hacia el cerebro se interrumpe, las neuronas comienzan a morir en cuestión de minutos.
“El verdadero peligro del colesterol elevado es que generalmente no presenta síntomas. Muchas personas pueden vivir durante años sin saber que sus niveles están fuera de rango, mientras aumenta su riesgo cardiovascular. Conocer estos niveles mediante un estudio de sangre permite identificar un factor de riesgo sobre el que podemos actuar antes de que ocurra un evento que cambie la vida, como un infarto cerebral”, señaló el Dr. Daniel Sánchez Arreola, miembro de la mesa directiva de la Sociedad Mexicana de Medicina de Emergencias.
El colesterol elevado, sin embargo, es sólo uno de los factores que pueden aumentar el riesgo de un infarto cerebral. En México, con frecuencia coexiste con otros factores de riesgo cardio renal metabólico, como el sobrepeso y la obesidad, que afecta a más del 75% de los adultos, así como la hipertensión y diabetes tipo 2. La presencia simultánea de varios de estos factores incrementa el riesgo cardiovascular y hace especialmente importante identificarlos y controlarlos de manera oportuna.
Pero prevenir un infarto cerebral es solo una parte de la conversación. Cuando un evento ya está ocurriendo, reconocer sus señales y buscar atención médica de inmediato puede ser determinante para reducir sus consecuencias.
COFEPRIS aprueba un nuevo tratamiento no hormonal para la menopausia
La estrategia CAMALEÓN busca salvar vidas
Para responder a esta problemática y reducir el tiempo entre la aparición de los síntomas y la atención médica, la SMME ha impulsado la Estrategia Camaleón, una campaña de concientización diseñada para que cualquier persona pueda identificar de forma rápida y sencilla las señales de un infarto cerebral mediante el acrónimo CAMALEÓN: CA de CAra colgada, MA de MAno pesada, LE de LEngua trabada y ÓN de ponerse en acción y llamar al 911 o acudir de inmediato al hospital.
Ante la presencia de cualquiera de estos signos, la indicación es buscar atención médica de emergencia inmediatamente, pues en un infarto cerebral el tiempo es determinante: cuanto más rápido se restablezca el flujo sanguíneo, mayores pueden ser las posibilidades de reducir el daño cerebral y sus secuelas.
