La resistencia antimicrobiana (RAM) es considerada una de las mayores amenazas para la salud pública mundial. Aunque el uso inadecuado de antibióticos en la medicina humana suele ser el centro del debate, el empleo no regulado de estos medicamentos en la ganadería también desempeña un papel importante en el desarrollo y propagación de bacterias resistentes. Esta problemática tiene implicaciones directas en la salud infantil, donde las infecciones resistentes pueden ser más difíciles de tratar y aumentar el riesgo de complicaciones.
La resistencia antimicrobiana incrementa el riesgo de hospitalizaciones
En la producción pecuaria, los antibióticos se utilizan no solo para tratar enfermedades, sino también, en algunos países, para prevenir infecciones o favorecer el crecimiento de los animales. Cuando estos medicamentos se administran de manera excesiva o sin una supervisión adecuada, favorecen la selección de bacterias resistentes que pueden transmitirse a los seres humanos a través del consumo de alimentos, el contacto directo con animales o la contaminación del agua y el medio ambiente.
Los niños constituyen una población especialmente vulnerable frente a este fenómeno. Su sistema inmunológico aún se encuentra en desarrollo y son más propensos a padecer infecciones respiratorias, gastrointestinales y urinarias que, en algunos casos, requieren tratamiento antibiótico. Cuando las bacterias responsables presentan resistencia a los medicamentos de primera línea, las opciones terapéuticas se reducen, los tratamientos pueden prolongarse y aumenta la necesidad de utilizar antibióticos de amplio espectro, que suelen ser más costosos y pueden ocasionar mayores efectos adversos.
La resistencia antimicrobiana también incrementa el riesgo de hospitalizaciones, procedimientos médicos más complejos y una mayor carga para los sistemas de salud. En pediatría, esta situación representa un desafío adicional, ya que no todos los antibióticos disponibles cuentan con formulaciones o perfiles de seguridad adecuados para la población infantil.
Se deben fortalecer las políticas de regulación del uso de antibióticos en la ganadería
Frente a este panorama, es indispensable fortalecer las políticas de regulación del uso de antibióticos en la ganadería, promoviendo la prescripción veterinaria responsable, la vigilancia epidemiológica y la adopción de buenas prácticas de producción animal. Asimismo, resulta esencial fomentar alternativas preventivas, como programas de vacunación, mejoras en la bioseguridad de las granjas y condiciones óptimas de bienestar animal, que disminuyan la necesidad del uso rutinario de antimicrobianos.
Desde el ámbito sanitario, la educación también desempeña un papel clave. Profesionales de la salud, veterinarios, productores y consumidores deben comprender que la resistencia antimicrobiana es un problema compartido bajo el enfoque de “Una Sola Salud” (One Health), que reconoce la estrecha relación entre la salud humana, animal y ambiental.
Combatir la resistencia antimicrobiana requiere acciones coordinadas entre gobiernos, instituciones de salud, sector agropecuario y sociedad. Regular el uso de antibióticos en la producción animal no solo protege la eficacia de estos medicamentos, sino que también contribuye a preservar la salud de las generaciones futuras, especialmente de la población pediátrica, que depende de tratamientos efectivos para enfrentar infecciones potencialmente graves.
