Elegibilidad de anticonceptivos en adolescentes, ¿cuestión de empatía?

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Pastillas anticonceptivas, preservativos, diafragmas, dispositivos intrauterinos, implantes, parches, espumas y métodos quirúrgicos dan cuenta de la gran variedad de opciones en anticonceptivos presentes en el mercado; sin embargo, apenas la mitad de las mujeres mexicanas en edad fértil utiliza algún método anticonceptivo.

La Encuesta Nacional de Dinámica Demográfica (ENADID) 2014, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y el Consejo Nacional de Población (CONAPO), reveló que 98.7 por ciento de las mujeres en edad fértil (15 a 49 años de edad) conocen al menos un método anticonceptivo, si bien sólo el 51.6 por ciento utiliza alguno, lo que da idea de la exposición al riesgo de embarazo.

La misma encuesta reveló que, a nivel nacional, a los 18 años la mitad de las mujeres ya inició su vida sexual, comportamiento que se presenta cada vez más tempranamente, pues la ENADID 2009 señalaba que la edad en ese entonces era de 19 años.

Si bien la tasa de fecundidad ha disminuido considerablemente desde la década de 1960, pues pasó de siete hijos por mujer a 2.21 entre 2011 y 2013, destaca que se presenten 77 nacimientos por cada 1 mil adolescentes de 15 a 19 años de edad.

En este sentido, distintas investigaciones han identificado tres tipos de barreras que interfieren con el acceso de la gente joven a los contraceptivos: las características de las instalaciones sanitarias (que no siempre están al alcance de las jóvenes y carecen de privacidad suficiente), el diseño de los programas (abasto insuficiente de método anticonceptivos, salas abarrotadas de gente, negativa de servicio sin previa cita) y el trato de los proveedores de servicios de salud (la mayoría considera que los contraceptivos no son aptos para adolescentes).

La carencia de políticas nacionales bien estructuradas en materia de salud sexual también obstaculiza el acceso a la información y salud reproductiva para los jóvenes, por ello, resulta necesario sensibilizar al público general sobre esta problemática y que el facultativo sea más empático cuando los adolescentes soliciten atención profesional.

Al respecto, el centro estadounidense de defensa de derechos de los jóvenes, Advocates for Youth, recomienda a los profesionales de la salud:

1. Evitar los juicios de valor

Tratar a los jóvenes de manera respetuosa y evitar enjuiciar su conducta permitirá establecer relaciones sólidas basadas en la confianza mutua.

2. Dedicar el tiempo que sea necesario

El médico es la persona más indicada para brindar consejería sobre el uso de métodos anticonceptivos, de modo que, pese a las limitantes del tiempo, siempre será conveniente dedicar amplio espacio para abordar todos los asuntos que el adolescente desee tratar.

Cabe destacar que justamente en esta relación médico-paciente es fundamental la empatía, pues como señala Luis Vivanco, miembro del Centro de Investigación Biomédica de La Rioja en España y director del curso “La empatía médica en el cuidado del paciente”, se trata de una habilidad con “una dimensión cognitiva y otra afectiva” que requiere de “compasión, comunicación y entendimiento”.

Por tanto, dado que el médico familiar siempre está en la mejor posición para conocer los antecedentes y contexto que envuelven a cada uno de sus pacientes, podrá informar sobre las ventajas y contraindicaciones para cada método anticonceptivo.

Imagen: Bigstock