A escala internacional, la problemática del bullying toma cada vez más relevancia. Conforme se revelan las consecuencias de estas agresiones, se intensifican los esfuerzos para prevenirlas. Desafortunadamente, incidentes de este tipo ocurren en todos los niveles de la sociedad. Desde el entorno laboral e instituciones educativas, hasta el mismo núcleo familiar.

Justo en las familias, el bullying es más evidente en la dinámica entre los hijos. Un estudio publicado en Developmental Psychology reafirma que es más frecuente en hogares grandes. Esto, por la simple razón que los hermanos, cuando son más numerosos, tienden a agredirse entre ellos. Este efecto es más nocivo en los individuos que nacieron entre el primer y último niño.

Bullying contra los ‘sándwich’

La investigación observó a 6 mil 838 niños británicos nacidos entre 1991 y 1992. Se le pidió a las madres y a los hijos reportar comportamientos de bullying a los 5, 7 y 12 años. Asimismo, se definió como acoso cualquier actividad de ataque psicológico, físico o emocional. Con los datos, se dividió a los jóvenes en 4 categorías: víctima, víctima-abusadora, abusador o indiferente.

Casi 28 por ciento de los niños estudiados estuvo involucrado en bullying intrafamiliar. La forma de abuso más común fue la psicológica (insultos o comentarios hirientes). La gran mayoría de los hijos, además, reportó ser una víctima-abusadora. Slava Dantchev y Dieter Wolke, autores de la investigación, afirmaron que el fenómeno fue más común en hogares con 3 o más hermanos.

El bullying ocurre en situaciones donde no podemos elegir a nuestros compañeros. Como es el caso de los hogares. Los hermanos viven en espacios limitados. Y la convivencia les permite saber exactamente qué botones apretar para molestar a sus familiares. Esta interacción puede ser bilateral y permite que los jóvenes sean tanto víctimas como perpetradores de abuso.

Ambos expertos creen que el bullying intrafamiliar se debe a una cuestión de recursos. Con el nacimiento de varios hijos, los recursos materiales y emocionales empiezan a repartirse. Así, cada niño ve que le toca una menor cantidad de afecto u otras recompensas. Por impulso biológico, los jóvenes tienden a competir unos contra otros para establecer dominancia.

Reafirmaron que el bullying entre hermanos no parece distinguir condición económica o social. Es tan frecuente en familias ricas como pobres. Y también en hogares con uno o dos padres. Sin embargo, son más frecuentes las agresiones donde el primogénito y el menor atacan los hijos de en medio.

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