Más allá de los beneficios que ofrece el deporte, también existen algunas situaciones en las que puede ser contraproducente. El caso más conocido es el fútbol americano porque durante los últimos años se ha demostrado el alto riesgo que tienen los exjugadores de la NFL para desarrollar encefalopatía traumática crónica. El tema ahora ha resurgido debido a la publicación de una nueva investigación.
Antes que nada es importante recordar que esta asociación adquirió relevancia en el 2009 cuando la revista GQ publicó el artículo “Juego Cerebral” de Jeanne Marie Laskas. La investigación fue adaptada en el 2015 en la película Concussion protagonizada por el actor Will Smith.
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¿Qué dice la nueva investigación que relaciona la encefalopatía traumática crónica con los exjugadores de la NFL?
Para ampliar el conocimiento sobre el tema se publicó la nueva investigación Prevalence of chronic traumatic encephalopathy at death in National Football League players: retrospective population based cohort study, 2008-21. El trabajo fue encabezado por Daniel Daneshvar, MD, PhD, profesor asociado de Medicina Física y Rehabilitación en Mass General Brigham y Earl P. e Ida S. Charlton Associate Professor en Harvard Medical School, y encontró que, bajo el escenario más conservador, al menos uno de cada cuatro exjugadores de la NFL que murieron entre 2016 y 2021 presentaba evidencia de encefalopatía traumática crónica.
El estudio, realizado por investigadores de Mass General Brigham, Boston University y la Concussion & CTE Foundation y publicado en The BMJ, buscó estimar la prevalencia de encefalopatía traumática crónica entre exjugadores de la NFL fallecidos, considerando tanto a quienes donaron su cerebro para investigación como a quienes no lo hicieron.
Los investigadores identificaron 878 exjugadores de la NFL que fallecieron entre 2016 y 2021. De ellos, 235 habían donado su cerebro para investigación y 215 (91.4%) presentaron evidencia de encefalopatía traumática crónica.
A partir de estos datos, el escenario más conservador estima una prevalencia de 24.5%, aproximadamente uno de cada cuatro jugadores. El rango estadístico establecido por la investigación va de 24.5% a 97.7%, aunque los investigadores consideran poco probables ambos extremos y señalan que la prevalencia real se encontraría en algún punto intermedio.
“Un llamado de atención” para la investigación
Para Daniel Daneshvar, quien lideró la investigación, los resultados representan una oportunidad para profundizar en el conocimiento de esta enfermedad y en el desarrollo de estrategias de prevención y tratamiento.
Daneshvar es director del HealthSpan Lab, donde se investigan factores biológicos, conductuales y ambientales que influyen en la salud a lo largo de la vida y en el funcionamiento cerebral. Su trayectoria científica incluye más de 100 publicaciones y una investigación doctoral dedicada al estudio de la encefalopatía traumática crónica.
“Estos datos, junto con mi experiencia tratando a jugadores de la NFL con demencia en la clínica, indican que necesitamos dedicar recursos al desarrollo de una cura”, señaló Daneshvar, autor principal y correspondiente del estudio.
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¿Qué es la encefalopatía traumática crónica?
La encefalopatía traumática crónica es una enfermedad neurodegenerativa asociada con la exposición repetitiva a impactos en la cabeza. Actualmente, solo puede diagnosticarse de manera definitiva después de la muerte mediante el análisis del tejido cerebral.
Por esta razón, los resultados de la investigación no significan que uno de cada cuatro jugadores actuales de fútbol americano tenga encefalopatía traumática crónica. El estudio se refiere específicamente a exjugadores fallecidos durante el periodo analizado y a la estimación de prevalencia en esa población.
La relación con la demencia
Otro de los hallazgos relevantes fue la relación entre la severidad de la encefalopatía traumática crónica y el deterioro cognitivo.
Entre los donadores de cerebro que presentaban encefalopatía traumática crónica, 61.3% cumplía criterios clínicos de demencia. Además, 95.5% de los donadores que presentaban demencia mostraban patología compatible con encefalopatía traumática crónica.
La forma más severa de la enfermedad, conocida como encefalopatía traumática crónica en etapa IV, estuvo fuertemente asociada con demencia y con mayores dificultades cognitivas y para realizar actividades cotidianas.
Sin embargo, los investigadores advierten que la presencia de determinados síntomas no significa necesariamente que una persona tenga encefalopatía traumática crónica. Actualmente no existe una prueba que permita confirmar la enfermedad en una persona viva y diferentes condiciones pueden producir síntomas similares.
Más allá de las conmociones cerebrales
Uno de los aspectos que la investigación pone sobre la mesa es la importancia de analizar no solamente las conmociones cerebrales diagnosticadas, sino también la exposición acumulada a impactos repetitivos en la cabeza.
Los investigadores señalan que los esfuerzos de prevención deberían enfocarse en reducir este tipo de impactos, además de mejorar la identificación y atención de las conmociones cerebrales. También consideran necesario estudiar a atletas que participaron en el fútbol americano en generaciones más recientes para comprender mejor cómo han evolucionado los riesgos.
¿Qué pueden hacer los exdeportistas?
Para quienes han practicado deportes de contacto y presentan preocupación por su salud cerebral, los especialistas recomiendan no asumir un diagnóstico de encefalopatía traumática crónica a partir de síntomas aislados.
Cambios persistentes en la memoria, el pensamiento, el comportamiento o el estado de ánimo deben ser evaluados por un profesional especializado. Identificar otros factores que puedan estar contribuyendo a estos síntomas es importante, ya que algunas condiciones pueden ser tratables.
La investigación de Daneshvar y sus colaboradores abre nuevas preguntas sobre los efectos a largo plazo de los impactos repetitivos en la cabeza, pero también destaca la necesidad de continuar estudiando la enfermedad, mejorar las estrategias de prevención y desarrollar herramientas que permitan comprender y atender la salud cerebral durante la vida de los deportistas.
