Con el pasar de los años la Enfermedad Renal Crónica se ha convertido en una epidemia silenciosa que mantiene una tendencia a la alza. Uno de sus grandes problemas es que no muestra una sintomatología notoria en su fase inicial. Por lo mismo, puede avanzar de forma silenciosa sin que el paciente la detecte hasta provocar daños prácticamente irreversibles en el riñón.
Lo anterior es fundamental porque los riñones son los ingenieros químicos del cuerpo humano. Su función principal recae en las nefronas, unidades funcionales microscópicas encargadas de filtrar las toxinas de la sangre, regular el equilibrio de líquidos, controlar la presión arterial mediante la secreción de hormonas como la renina, y estimular la producción de glóbulos rojos a través de la eritropoyetina.
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Padecimientos que pueden desencadenar la Enfermedad Renal Crónica
De acuerdo con la Asociación Americana de Diabetes (ADA) y el Kidney Disease: Improving Global Outcomes (KDIGO), aproximadamente 40% de quienes viven con diabetes desarrollarán daño renal a lo largo de su vida, lo que incrementa la probabilidad de requerir diálisis o un trasplante.
Ante este escenario, especialistas explican que el trasplante, aunque representa una segunda oportunidad de vida, no es el final del problema ni una solución definitiva.
“Es fundamental entender que el trasplante es la culminación de un proceso que, en muchos casos, pudo haberse prevenido o retrasado significativamente. La diabetes no controlada sigue siendo una de las principales causas de enfermedad renal en México y cada año que no invertimos en detección temprana y manejo preciso, es tiempo valioso que podrían aprovechar mejor las familias y el sistema de salud”, señaló Ramsés Hernández, Director Médico y Diagnóstico Interino para AstraZeneca en México.
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El trasplante renal no es una solución definitiva
En promedio, un trasplante renal puede durar entre 10 y 20 años, dependiendo del apego al tratamiento, procedencia del órgano y del seguimiento médico. Esto significa que, tras la cirugía, comienza una nueva etapa que requiere vigilancia constante y cuidados de por vida.
Las personas trasplantadas deben mantener control estricto de su salud, incluyendo monitoreo de glucosa, presión arterial y hábitos de vida, además del apoyo de inmunosupresores para evitar el rechazo del órgano.
A pesar de los avances médicos, la disponibilidad de órganos continúa siendo limitada. Cada año se realizan alrededor de siete mil trasplantes en México, cifra insuficiente frente al número de pacientes en lista de espera.
Por ello, especialistas coinciden en la urgencia de cambiar el enfoque: pasar de reaccionar ante la Enfermedad Renal Crónica a prevenir desde etapas tempranas, particularmente en personas con diabetes.
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Principales recomendaciones para proteger la salud renal
- Mantener controlados los niveles de glucosa y la presión arterial.
- Realizar chequeos médicos periódicos.
- Mantener una adecuada hidratación.
- Adoptar hábitos saludables como alimentación balanceada y actividad física.
“Hablar de trasplantes también es hablar de lo que podemos evitar. La enfermedad renal no aparece de un día a otro; es el resultado de años sin control adecuado de enfermedades como la diabetes”, señaló Ramsés.
El diagnóstico oportuno y el control adecuado de los niveles de glucosa pueden reducir significativamente el riesgo de daño renal irreversible. En este contexto, la prevención se convierte en la herramienta más eficaz para evitar que más personas lleguen a requerir un trasplante.
