El mundo enfrenta hoy una de las crisis más fuertes de la historia. La pandemia por Covid-19 lleva poco más de seis meses activa y ya ha provocado severos daños. Inclusive la Organización Mundial de la Salud (OMS), fundada hace 72 años, ha dicho que nunca se había enfrentado a un hecho similar. No sólo la integridad de las personas está en riesgo sino que también sus propiedades y patrimonios debido a las complicaciones económicas. Tan sólo en el caso de México al menos 10 millones de personas perdieron su fuente de ingresos.

A su vez, un sector que de manera directa sufre daños de todo tipo es el conformado por profesionales de la salud. Su trabajo hoy es todavía más importante que antes. Aunque en el caso particular de nuestro país, hay diversas barreras a las que se enfrentan.

Un problema que se ha agudizado a lo largo de los últimos años es el déficit de personal que prevalece en el sector. Antes de iniciar la pandemia se dio a conocer que el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) tenía un déficit de 94 mil médicos. Mientras que en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) hacían falta 40 mil galenos y 95 mil enfermeras.

Ayuda desinteresada en momentos de crisis

En ese sentido, una característica del personal médico es su vocación de servicio. No sólo está enfocada en la atención a los pacientes sino en el compañerismo. El apoyo entre colegas es indispensable para poder enfrentar cualquier adversidad.

Fue precisamente lo anterior lo que propició que María Teresa Martínez, enfermera ya retirada, decidiera regresar a trabajar. Perteneciente al Ejército, la severa situación que viven sus colegas provocó que se alistara para apoyarlos.

De esta manera, María ahora trabaja en un Hospital Covid y pese a que no es su obligación, afirma que no se sentiría tranquila si hubiera abandonado a sus compañeros. Ahora vive jornadas como cualquier enfermera y el uso diario de goggles ya le ha provocado marcas en el rostro. Aunque pese a cualquier inconveniente, señala que hace su trabajo con orgullo y dedicación.

A su vez, afirma que en el tiempo que tiene en el nosocomio ha recibido a 37 pacientes. De ellos nueve han pasado a hospitalización y dos tuvieron que ser trasladados a un centro de tercer nivel. Aunque ha logrado ayudar en la recuperación de algunos, también ha visto fallecer a otros. Es un trabajo muy complicado que no sólo pone en riesgo su integridad sino también sus emociones.

Pese a todo lo anterior, la enfermera afirma sentirse orgullosa de su profesión y no se arrepiente de regresar a trabajar. Su valentía es un reflejo del gremio al que pertenece y que nunca se cansa de ayudar.