La espera de un resultado importante puede convertirse en una de las experiencias más estresantes para un estudiante. Ya sea un examen como el ENARM, una certificación profesional o cualquier evaluación que defina el siguiente paso académico, la incertidumbre prolongada puede afectar la salud mental, el bienestar emocional, el sueño y la capacidad de concentración.
La conversación ha cobrado relevancia en los últimos días debido a la incertidumbre que enfrentan miles de jóvenes interesados en ingresar a la UNAM. El examen de admisión por primera ocasión en la historia fue en modo virtual pero debido a las irregularidades relacionadas con el uso de herramientas como la inteligencia artificial (IA) se detuvo el proceso.
Ante esta situación, el Dr. David Mischoulon, quien es director del Programa Clínico y de Investigación en Depresión (DCRP) del Hospital General de Massachusetts, aseguró que este fenómeno trasciende un caso particular: cualquier proceso de selección de alta competencia puede generar una importante carga psicológica.
Después de presentar un examen, el estudiante pierde el control sobre el resultado y comienza un periodo de espera que puede tener consecuencias importantes para su futuro académico y personal. Incluso quienes consideran que tuvieron un buen desempeño pueden comenzar a cuestionar sus respuestas o dudar de su rendimiento.
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Impacto de la incertidumbre en la salud mental
Desde el punto de vista neurobiológico, esperar durante días o semanas un resultado considerado decisivo mantiene al cerebro en un estado de vigilancia. La amígdala permanece más activa, mientras que el organismo continúa liberando hormonas del estrés, como el cortisol.
Al mismo tiempo, la corteza prefrontal intenta anticipar distintos escenarios, lo que favorece pensamientos repetitivos sobre el examen y sus posibles consecuencias. Aunque estas reacciones suelen ser normales, cuando la incertidumbre se prolonga pueden aparecer problemas para dormir, irritabilidad, dificultad para concentrarse y mayor sensibilidad emocional.
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¿Cuándo deja de ser una reacción normal?
Sentir nerviosismo o preocupación después de un examen es esperable. No obstante, los especialistas recomiendan buscar apoyo profesional cuando la ansiedad es constante, el insomnio persiste durante varias semanas o el malestar comienza a interferir con la vida cotidiana.
Entre las señales de alerta destacan los ataques de pánico, el aislamiento social, la pérdida del interés por actividades habituales o la incapacidad para dejar de pensar en el resultado. En casos más graves, si aparecen sentimientos persistentes de desesperanza o pensamientos de hacerse daño, es indispensable solicitar atención especializada de forma inmediata.
La presión no afecta a todos por igual
No todos los aspirantes viven la espera de la misma manera. Las personas con antecedentes de ansiedad o depresión, quienes tienen rasgos perfeccionistas o quienes consideran que el resultado define su valor personal suelen experimentar mayores niveles de estrés.
A ello pueden sumarse factores externos como la presión familiar, las expectativas sociales, las dificultades económicas o la percepción de que el futuro depende exclusivamente de obtener un lugar. En contraste, quienes cuentan con redes de apoyo y contemplan alternativas suelen afrontar mejor la incertidumbre.
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¿Qué pueden hacer los estudiantes mientras esperan?
La evidencia científica recomienda mantener las rutinas habituales de sueño, alimentación y actividad física, además de limitar el tiempo dedicado a revisar constantemente redes sociales o buscar noticias relacionadas con el proceso de admisión.
También resulta útil enfocarse en aquello que aún está bajo control, compartir las preocupaciones con familiares o amigos y continuar realizando actividades académicas, laborales o recreativas. Si la ansiedad comienza a afectar el funcionamiento diario, acudir con un profesional de la salud mental puede marcar una diferencia importante.
¿Cuál es el papel de la familia?
El Dr. Mischounon apunta que el apoyo familiar es uno de los principales factores de protección durante este periodo. Escuchar sin juzgar, validar las emociones del estudiante y recordarle que su valor como persona no depende del resultado de un examen ayuda a disminuir la presión.
En cambio, insistir constantemente en los resultados, compararlo con otros aspirantes o transmitir la idea de que “todo depende” de una sola evaluación puede incrementar la ansiedad. El mensaje más útil es ofrecer apoyo incondicional, independientemente del desenlace.
Un examen no define una vida
Para el especialista, es importante distinguir entre un evento y una trayectoria. Aunque no obtener el resultado esperado puede ser doloroso, un examen de admisión representa solo un momento dentro de una vida académica y profesional mucho más amplia.
“Lo que suele marcar la diferencia no es evitar todas las decepciones, sino desarrollar la capacidad de adaptarse, aprender de ellas y seguir avanzando hacia las propias metas, incluso si el camino termina siendo diferente al originalmente planeado”, concluye David Mischoulon.
