Durante años la conversación alrededor de la cirugía plástica facial se concentró en procedimientos conocidos como la rinoplastia, lifting, blefaroplastia, mentoplastia o tratamientos de rejuvenecimiento. Mientras que ahora hay una alternativa que ha ganado notoriedad y es la frontoplastia y se enfoca en una zona del rostro que históricamente ha sido poco analizada: la frente.
El rostro es la principal carta de presentación de una persona porque transmite demasiado incluso sin la necesidad de una comunicación verbal. Algunas veces por alguna enfermedad o simplemente por cuestiones estéticas, existe la opción de modificarlo. Más allá del motivo, la máxima recomendación siempre es acudir con un profesional de la salud para disminuir la probabilidad de resultados inesperados.
El Dr. Fernando Cravioto, quien es egresado de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo y cuenta con la especialidad en Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva por el Centro Médico “Lic. Adolfo López Mateos”, comparte más información acerca de este tema.
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¿En qué consiste la frontoplastia?
La frontoplastia, también conocida como reducción de frente o avance de la línea de implantación capilar, es un procedimiento diseñado para pacientes con frente amplia o prominente que desean mejorar la proporción del tercio superior del rostro. Aunque su origen técnico está relacionado con procedimientos de feminización facial, hoy su alcance va mucho más allá.
No se trata únicamente de feminizar un rostro ni de responder a una tendencia estética; se trata de entender que hay pacientes, mujeres y hombres, que han vivido durante años con una sensación de desproporción que no siempre sabían nombrar.
¿Para qué tipo de casos se recomienda esta intervención?
Muchas personas llegan a consulta diciendo: “No sé exactamente qué pasa, pero siento que mi cara no se ve equilibrada”. Algunas evitan ciertos peinados, otras se sienten incómodas al verse de perfil o perciben que su frente domina visualmente el rostro. En muchos casos no existe pérdida de cabello ni un problema capilar; simplemente hay una línea de implantación naturalmente alta o una frente genéticamente amplia.
Ahí es donde la frontoplastia ofrece una respuesta concreta. El procedimiento permite avanzar la línea de implantación del cabello y reducir visualmente la altura de la frente. En promedio, la reducción puede ubicarse alrededor de 2 a 2.5 centímetros, aunque cada caso debe evaluarse de manera individual.
¿Todas las personas son candidatas a la frontoplastia?
No todos los pacientes son candidatos y no todas las expectativas son quirúrgicamente posibles. La elasticidad del cuero cabelludo, la estabilidad de la línea capilar, la anatomía facial y el objetivo realista del paciente son factores determinantes.
Desde mi perspectiva, el valor revolucionario de la frontoplastia no está únicamente en la técnica, sino en abrir una conversación que antes casi no existía. Durante años, muchas personas pensaron que la única alternativa para una frente amplia era modificar el peinado, recurrir a implantes capilares o simplemente aceptar una incomodidad silenciosa.
Hoy sabemos que, en pacientes correctamente seleccionados, existe una alternativa quirúrgica capaz de mejorar la proporción facial de manera significativa.
Pero es fundamental abordar este procedimiento desde un ángulo humano. La cirugía plástica no debe partir de señalar defectos. Yo no creo en decirle a una persona qué está mal con su rostro. Creo en escuchar su autopercepción, entender qué le incomoda y explicarle con honestidad qué puede lograrse y qué no. La consulta debe ser un espacio de claridad, no de presión.
¿Cuál debe ser el compromiso del cirujano con los pacientes?
Cuando una paciente me pregunta si puede reducirse más de lo recomendable, mi responsabilidad no es venderle una promesa, sino cuidar su seguridad y su satisfacción a largo plazo. Saber decir “no” también es medicina. Si el resultado posible no será suficiente para sus expectativas, lo correcto es detenerse antes de operar.
La frontoplastia representa una nueva manera de mirar el rostro: no desde la exageración ni desde la moda, sino desde la proporción. Su objetivo no es transformar a alguien en otra persona, sino ayudarle a reconocerse con mayor equilibrio. Para mí, esa es la verdadera innovación: una cirugía precisa, sí, pero también honesta, ética y profundamente humana.
