La hipercolesterolemia familiar homocigota se ha posicionado como una de las formas más severas y genéticamente complejas de dislipidemia primaria dentro de la práctica clínica. Esta alteración metabólica severa conduce a una capacidad prácticamente nula de aclaramiento hepático de las partículas de colesterol LDL, desencadenando niveles séricos extremadamente elevados de colesterol desde la vida intrauterina y en etapas tempranas de la infancia.
Una de las principales características de la enfermedad es la elevación masiva de los niveles de colesterol LDL, frecuentemente por encima de los 500 mg/dL y en algunos casos superando los 1,000 mg/dL. Por eso es fundamental que exista un diagnóstico oportuno para empezar de inmediato con un tratamiento adecuado.
Para profundizar en el tema, el Dr. Ramón Madriz Prado, quien se desempeña como Jefe del Servicio de Endocrinología Pediátrica en la Unidad de Especialidades Médicas de la Secretaría de Defensa Nacional (SEDENA) y es miembro de la Sociedad Mexicana de Nutrición y Endocrinología (SMNE), compartió su visión acerca de este padecimiento y los resultados de una investigación internacional en la que participó.
¿En qué consiste la hipercolesterolemia familiar homocigota?
Imagina tener cinco años y que el cuerpo ya muestre las consecuencias de una enfermedad cardiovascular. O tener apenas tres y comenzar a desarrollar pequeños depósitos de colesterol en la piel. Para algunos niños, el colesterol elevado no es consecuencia de la alimentación ni del estilo de vida: está escrito en sus genes desde el nacimiento.
Esta es la realidad de quienes viven con hipercolesterolemia familiar homocigota, una enfermedad genética rara en la que el organismo tiene grandes dificultades para eliminar de la sangre el colesterol LDL, conocido como “colesterol malo”. Como resultado, sus concentraciones pueden alcanzar niveles extraordinariamente elevados desde los primeros años de vida y favorecer el desarrollo acelerado de aterosclerosis.
¿Cuántos casos de hipercolesterolemia familiar homocigota hay en el mundo?
La hipercolesterolemia familiar homocigota es poco frecuente porque se estima que afecta aproximadamente a una de cada 300,000 personas y por ello puede pasar desapercibida; sin embargo, existen señales que deben llamar nuestra atención. Un niño con xantomas, concentraciones extremadamente elevadas de colesterol LDL o familiares que hayan sufrido enfermedad cardiovascular a edades muy tempranas necesita una evaluación especializada.
Detectar al paciente también permite estudiar a sus padres, hermanos y otros familiares, ya que se trata de una enfermedad hereditaria. Es importante resaltar que cuando el colesterol amenaza desde el nacimiento, un diagnóstico temprano puede representar la oportunidad de cambiar toda una vida.
¿El comportamiento de la enfermedad es igual en todos los pacientes?
Recientemente tuve la oportunidad de participar, junto con otros autores, en la investigación científica internacional Homozygous familial hypercholesterolemia, experience with Evinacumab treatment in two Mexican pediatric patients: case report que se publicó en la revista Frontiers y documentó la evolución de dos adolescentes mexicanos con esta enfermedad.
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¿Cuáles fueron los resultados de la investigación?
Uno de los pacientes comenzó a presentar manifestaciones alrededor de los cinco años; el otro, desde los tres. Ambos desarrollaron xantomas, depósitos de colesterol visibles como lesiones o nódulos amarillentos en diferentes partes del cuerpo.
Durante años recibieron distintas estrategias para reducir sus elevadísimas concentraciones de colesterol. Uno de ellos incluso necesitó aféresis de lipoproteínas, un procedimiento que filtra la sangre para retirar temporalmente las partículas que contienen colesterol LDL. Aunque puede ser eficaz, requiere sesiones periódicas y representa una carga importante para el niño y su familia.
La historia comenzó a cambiar cuando ambos recibieron un medicamento intravenoso administrado cada cuatro semanas que actúa inhibiendo una proteína llamada ANGPTL3 y permite reducir el colesterol mediante una vía diferente a la de muchos tratamientos convencionales.
Los resultados fueron muy alentadores. Después de apenas un mes, el colesterol LDL disminuyó aproximadamente 59% en uno de los jóvenes y 68% en el otro. Además, el beneficio se mantuvo durante un seguimiento cercano a dos años.
¿Qué otras enseñanzas dejó la investigación?
Quizás el resultado más importante no apareció en los análisis de laboratorio. Uno de los jóvenes relató que durante años había vivido con cansancio y con inseguridad por los xantomas visibles en su piel. Al disminuir estas lesiones, comenzó también a sentirse con mayor energía y confianza para convivir con sus amigos y realizar sus actividades escolares.
El segundo paciente había presentado molestias frecuentes y limitaciones para actividades tan sencillas como utilizar zapatos deportivos, escribir durante periodos prolongados o jugar. Con el tratamiento, muchas de estas dificultades disminuyeron. Ambos reportaron mejoras importantes en diferentes dimensiones de su calidad de vida.
Y ahí se encuentra probablemente la principal enseñanza de estas historias: no estamos tratando solamente una cifra de colesterol; estamos tratando a un niño y protegiendo su futuro.
