La medicina metabólica se ha convertido en una de las áreas más innovadoras de los últimos años. La llegada de los medicamentos GLP-1 transformó por completo el combate de la obesidad. Aunque a pesar de los prometedores avances que se han logrado todavía quedan varios retos por enfrentar.
En ese sentido, durante décadas la sociedad cometió el mismo error: reducir la obesidad a un número en la báscula. De manera cotidiana se habla de cuánto pesa una persona pero casi nunca de qué pasa realmente dentro de su organismo. Se trata de una conversación que debe cambiar de enfoque.
Con esto en mente, la Dra. Acosta Then, quien es endoscopista bariátrica y directora de la Clínica de Obesidad y Especialidades Salutte Clinic, compartió su opinión acerca de los cambios recientes que ha logrado la medicina metabólica.
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¿Qué cambios recientes se han logrado en el abordaje médico de la obesidad?
La ciencia moderna ha dejado de hablar solo de “obesidad” para hablar de diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, enfermedad renal, hígado graso y ovario poliquístico como parte de un mismo cuadro.
Todas estas señales aparecen mucho antes de que alguien sufra un infarto, un ACV o una insuficiencia renal. Por eso surge una nueva forma de clasificar el riesgo: el síndrome cardiovascular-reno-metabólico (CKM), que amplía lo que antes llamábamos simplemente “síndrome metabólico”.
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¿En qué consiste el nuevo enfoque?
Este nuevo enfoque propone algo esencial: no medir la circunferencia abdominal, la presión, el azúcar o los triglicéridos como datos aislados, sino entender cómo impactan, de forma simultánea, el corazón, los riñones y el metabolismo. El sistema contempla cinco estadios que van del 0 al 4.
- Estadio 0: sin factores de riesgo, el momento ideal para prevenir.
- Estadio 1: exceso o disfunción del tejido adiposo, sin alteraciones metabólicas aún.
- Estadio 2: aparecen hipertensión, triglicéridos elevados, diabetes o enfermedad renal crónica.
- Estadio 3: enfermedad cardiovascular subclínica, sin síntomas evidentes, pero con daño ya en marcha.
- Estadio 4: enfermedad cardiovascular clínica establecida.
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¿Para qué funciona la nueva clasificación?
Lo más revelador de esta clasificación es entender que no toda grasa corporal tiene el mismo impacto metabólico. Dos personas pueden pesar exactamente lo mismo y tener riesgos completamente distintos. Por eso, medir solo el peso, como hacíamos antes, ya no es suficiente. Hoy en consulta evaluamos composición corporal, hemoglobina glucosilada, función renal e hígado graso.
Esta mirada cobra aún más fuerza en una era con tantas herramientas disponibles: terapias incretínicas, intervenciones nutricionales, farmacoterapia, procedimientos metabólicos y endoscopía bariátrica. Tener más opciones significa también más responsabilidad para usarlas con un propósito médico, no estético.
¿Cómo será el futuro de la medicina metabólica?
Por eso, en mi práctica y a través del Método Peso Feliz, insisto tanto en educar antes que en prescribir. El futuro de la medicina metabólica está en intervenir temprano, y en que cada paciente aprenda a medir su progreso no solo en kilos perdidos, sino en salud ganada: cuánto por ciento de grasa bajó, si su masa muscular se mantuvo íntegra, si dejó las pastillas para la presión, si revirtió la resistencia a la insulina o el hígado graso.
