Las enfermedades bucales representan uno de los mayores problemas de salud pública a nivel mundial. La buena noticia es que la mayoría son prevenibles y lo único que se requiere es hacer cambios en el estilo de vida. Por otra parte, hay padecimientos como el cáncer de boca que durante los últimos años han mostrado un incremento.
Con esto en mente, la salud bucodental es un componente fundamental del bienestar integral de las personas. El inconveniente es que muchas veces la atención odontológica se busca únicamente cuando aparece una molestia intensa, una infección o la pérdida de una pieza dental. Esta visión debe cambiar: el mejor tratamiento siempre será aquel que evita que la enfermedad aparezca.
Acerca de este tema, la Dra. Olga Marisela Sánchez Hernández, quien es Directora del Programa de Licenciado en Cirujano Dentista de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), menciona que en México la caries dental y las enfermedades periodontales se mantienen dentro de las más comunes.
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¿Por qué ocurren las caries y las enfermedades periodontales?
La caries se desarrolla por la interacción de bacterias, azúcares de la alimentación, condiciones individuales y una higiene bucal inadecuada. Si no se detecta y trata oportunamente, puede avanzar hasta ocasionar dolor, infección, dificultad para comer, ausentismo escolar o laboral e incluso la pérdida del diente. Aunque su frecuencia es elevada, la caries puede prevenirse mediante educación, alimentación saludable, higiene adecuada, uso de fluoruros y revisiones odontológicas periódicas.
La enfermedad periodontal también requiere especial atención. Se trata de un conjunto de alteraciones que afectan las encías y los tejidos que sostienen los dientes. Puede comenzar como gingivitis, manifestada por encías inflamadas o con sangrado, y avanzar hacia periodontitis, ocasionando movilidad y pérdida dental.
Diversas fuentes oficiales estiman que entre la mitad y alrededor del 70 % de los adultos mexicanos presentan algún grado de alteración periodontal, aunque las cifras varían de acuerdo con la edad, la población examinada y los criterios utilizados.
¿Cómo se pueden prevenir las enfermedades bucales?
Para prevenir las principales enfermedades bucales, es recomendable que la población adopte las siguientes medidas.
- Cepillar los dientes por lo menos dos veces al día, especialmente antes de dormir, utilizando pasta dental con flúor.
- Limpiar diariamente los espacios entre los dientes con hilo dental o cepillos interdentales.
- Reducir la frecuencia de consumo de dulces, bebidas azucaradas, refrescos, jugos industrializados y alimentos ultraprocesados.
- Preferir agua simple y mantener una alimentación equilibrada.
- No fumar ni utilizar productos de tabaco, ya que aumentan el riesgo de enfermedad periodontal, pérdida dental y cáncer bucal.
- Cambiar el cepillo dental cuando las cerdas estén desgastadas o aproximadamente cada tres meses.
- Acudir periódicamente con el cirujano dentista, aunque no exista dolor, para detectar lesiones en etapas iniciales.
- Consultar oportunamente ante sangrado de encías, mal aliento persistente, sensibilidad, movilidad dental, úlceras que no cicatrizan o cualquier cambio dentro de la boca.
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¿Qué otros problemas de salud bucal no se deben ignorar?
Actualmente, otro padecimiento que merece atención es el bruxismo, caracterizado por apretar o rechinar los dientes, ya sea durante el día o mientras se duerme. La Secretaría de Salud ha señalado una prevalencia de hasta 60 % entre adultos mexicanos de 30 a 59 años; no obstante, las estimaciones pueden variar considerablemente según la forma de diagnóstico.
El estrés, la ansiedad y la tensión emocional constituyen importantes factores desencadenantes o agravantes del bruxismo, aunque este es un padecimiento multifactorial que también puede relacionarse con trastornos del sueño, algunos medicamentos y otros factores individuales.
¿Cuáles son sus síntomas?
Sus principales manifestaciones incluyen desgaste o fractura de los dientes, dolor de cabeza, cansancio de los músculos faciales, rigidez mandibular, sensibilidad dental y molestias en la articulación temporomandibular.
Para disminuir sus efectos es recomendable aprender a reconocer y evitar el apretamiento durante el día, mantener los dientes separados cuando la mandíbula está en reposo, mejorar los hábitos de sueño, realizar actividad física, practicar técnicas de respiración y buscar alternativas saludables para controlar el estrés.
También se aconseja moderar el consumo de cafeína y alcohol, especialmente por la noche. Cuando existe dolor, desgaste dental o síntomas frecuentes, se debe acudir con el odontólogo para una valoración completa. En algunos casos puede indicarse una guarda o férula oclusal elaborada de manera personalizada, pero esta no debe comprarse ni utilizarse sin supervisión profesional.
La prevención comienza con pequeñas decisiones diarias. Educar a la población, formar profesionales comprometidos y facilitar el acceso a servicios preventivos permitirá conservar los dientes durante más años, evitar tratamientos complejos y mejorar la calidad de vida. Cuidar la salud bucodental no debe considerarse un lujo ni una acción secundaria: es una responsabilidad compartida y una inversión permanente en la salud.
