La Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) enfrenta un severo problema porque hasta el 80% de los casos son diagnosticados en etapas avanzadas y uno de los motivos es que se confunde o subestima sus síntomas. No se trata simplemente de una molestia respiratoria menor, sino que realmente es una situación que afecta la calidad de vida y puede generar consecuencias fatales.
Tan sólo para comprender su magnitud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que durante el 2023 provocó alrededor de 3.4 millones de fallecimientos a nivel global. Por lo tanto, representa un problema de grandes dimensiones y lo más grave es que se encuentra a la alza.
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¿Cuáles son los síntomas de la EPOC?
La EPOC suele desarrollarse de manera gradual y entre sus síntomas más frecuentes se encuentran la dificultad para respirar, tos crónica, producción de flemas, sibilancias y cansancio.
En las primeras etapas, la falta de aire puede aparecer únicamente durante esfuerzos físicos. Con la progresión de la enfermedad, puede presentarse al caminar distancias cortas, subir escaleras o realizar actividades cotidianas.
La tos persistente, particularmente cuando se acompaña de expectoración, también constituye una señal que debe investigarse. En este contexto, atribuir estos síntomas exclusivamente al tabaquismo, a la edad o a una infección respiratoria recurrente puede contribuir a retrasar el diagnóstico.
Otro elemento característico son las exacerbaciones, periodos en los que aumentan de manera aguda síntomas como la disnea, la tos o la producción de flemas y que pueden requerir tratamiento adicional e incluso hospitalización.
Principales factores de riesgo de la EPOC
Entre los factores de riesgo asociados con la EPOC se encuentran el tabaquismo y la exposición prolongada a biomasa, como el humo de leña. Por eso, las personas mayores de 40 años que fuman o fumaron, o que han estado expuestas durante largos periodos a este tipo de humo, deben prestar especial atención a señales como la tos persistente, la expectoración y la dificultad para respirar.
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El reto no termina con el diagnóstico
Vivir con EPOC no significa tener que renunciar poco a poco a las actividades cotidianas ni asumir como inevitables la tos, la falta de aire o la necesidad de hacer pausas constantes. Cuando los síntomas aumentan frente a lo habitual, pueden advertir una exacerbación.
La OMS explica que estos empeoramientos pueden aparecer rápidamente, durar varios días y requerir medicación adicional. Aunque el episodio no siempre lleve a urgencias, conviene comunicarlo al médico tratante. Prevenir y controlar las exacerbaciones forma parte esencial del manejo de la EPOC.
“Que cerca del 80 % de las personas con EPOC no reciba un diagnóstico sino hasta etapas avanzadas muestra por qué es tan importante reconocer las señales de alerta. La tos persistente o la dificultad para respirar al caminar o subir escaleras no deberían normalizarse: consultar con un profesional de la salud puede abrir la puerta a un diagnóstico oportuno”, señaló la doctora Angélica Castaño, gerente médica de Sanofi.
¿Cómo lograr un diagnóstico oportuno?
El primer paso consiste en sospechar la enfermedad. El médico debe prestar especial atención cuando una persona presenta síntomas respiratorios persistentes y, al mismo tiempo, tiene antecedentes de tabaquismo o exposición prolongada a humo, contaminación, polvo, sustancias químicas o combustibles de biomasa.
La historia clínica debe incluir el tiempo de evolución de los síntomas, antecedentes de tabaquismo y exposición ocupacional o ambiental, infecciones respiratorias, exacerbaciones y limitación de las actividades cotidianas.
Las recomendaciones GOLD 2026 mantienen como criterio espirométrico de obstrucción al flujo aéreo compatible con EPOC una relación FEV₁/FVC menor de 0.70 después de administrar un broncodilatador.
Esto es particularmente importante porque enfermedades como el asma pueden compartir síntomas con la EPOC. Por ello, la evaluación clínica y la espirometría ayudan a diferenciar los cuadros y a establecer el abordaje correspondiente.
