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Una de las necesidades que los médicos experimentan a diario es aprender a comunicarse mejor con sus pacientes. Y es que no siempre se logra entender los motivos de la visita y, en algunos casos, el paciente sale de la consulta sin obtener la respuesta que esperaban.

Una de las técnicas más efectivas que se puede aplicar en estos casos y que trae los mejores resultados es la “Escucha activa”. No se trata de una herramienta digital ni de un complicado método, simplemente es la capacidad escuchar a un interlocutor dando claras señales de interés, entendimiento y comprensión. En el proceso, ambas personas se escuchan y se dedican a comprender todo el contenido de las ideas, incluyendo las emociones.

Esto, sin lugar a dudas logra una mejor comunicación entre el médico y el paciente dentro de la intimidad de la consulta. No es un asunto de seguir paso a paso, sino de aprender a desarrollar y a mejorar la calidad de la comunicación, dejando a un lado las distracciones y enfocándose en la relación profesional que los reúne.

¿Cómo funciona la escucha activa?

No hay una fórmula que te lleve al éxito de la escucha activa. Sin embargo, existe una forma de autoevaluación que puedes ejecutar y que te va a llevar a integrarte al contexto de la conversación. Preguntas internas como: ¿Prestó atención en captar los detalles no verbales? o ¿Me pongo en el lugar de mi paciente?

Sin embargo, aunque no hay un paso a paso preestablecido, se ponen ciertas reglas que debes cumplir, sin obviar ninguna. Estás reglas son:

  • No hablar: Puede parecer ilógico mantener una conversación y no hablar. Pero, ese “no hablar”, te va a mantener conectado con la historia. Ese silencio te hará enfocarte mejor en el problema. Aquí se aprovecha para entender qué es lo que realmente pasa con el paciente.
  • Prestar atención al 100%: Escuchar con atención te ayuda a entender y, de ser posible, interrumpe si hay algo que no comprendes. Entender lo que pasa sin dejar dudas te va a permitir llegar a la raíz del problema.
  • Maneja la empatía y demuestra que la percibes: Si te pones en el lugar del paciente puedes entender su preocupación. En cambio, si demuestras que estás despreocupado con la situación pierdes de inmediato la comunicación. Ya que la empatía se demuestra a simple vista, si la otra parte nota que no existe muchas veces declina de seguir expresándose.

¿Qué no debes hacer?

Hay cuatro acciones que matan la escucha activa desde la raíz. Estás son:

  • Interrumpir: Si interrumpes antes de que el paciente exponga o no lo dejas expresar, es probable que jamás llegues a satisfacer sus dudas. Y en muchas oportunidades ni las tuyas.
  • Contradecir: Tu experiencia puede llevarte a contradecir teorías o refutar incluso posiciones de otros médicos que tengan intervención en un diagnóstico. Antes de contradecir lo mejor es analizar en detalle la otra parte.
  • Criticar: Puede ser que no estés de acuerdo con las acciones que tiene tu paciente o la forma como llevan una determinada situación. Pero, no por eso tienes que criticar. Puedes dar tu opinión de forma objetiva sin hacer comentarios críticos. De esta manera permites que el paciente te diga la verdad y obtengas más información.

Sospechar: En este punto no se permite sospechar ni por gestos. Porque de entrada pierdes la confianza del paciente. Es posible que puedas ahondar un poco más en la verdad sin vulnerar la veracidad de las palabras. 

 

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