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En gran medida, las posibilidades de salud de la comunidad están determinadas por la cultura, debido a que la salud es un elemento fundamental en la cultura del bienestar.  (Oliva, 2009)

La interacción existente entre el ambiente y la genética va modulando la respuesta de nuestro organismo en los diferentes estadios de nuestra vida. Así como somos lo que comemos, lo que bebemos y lo que respiramos, así también, los pensamientos determinan lo que somos. Nuestros pensamientos y nuestro comportamiento son condicionados por las percepciones que, a su vez, también repercuten sobre la salud. A través de los medios de comunicación se generan muchas de las percepciones en nuestra sociedad.

Con la revolución de las tecnologías de la comunicación, con las cuales se puede transmitir cualquier información, al mundo entero, en tiempo real, gracias a la Internet. se ha contribuido a la aceleración en la producción de conocimiento científico y con ello la aceleración de los tiempos.

En la actualidad la socialización del conocimiento se transmite directamente a la sociedad. En el área de la biomedicina, el nuevo conocimiento pasa directamente de los laboratorios a la sociedad, que apenas tiene tiempo de asimilar la importancia y las consecuencias de los nuevos descubrimientos.

Lo que genera una extrema competencia entre los equipos que les lleva comunicar cada hallazgo, incluso en fases tempranas. Presentándolo ante la opinión pública, no como una realidad actual, sino en su potencial futuro. Y son los futuros de la medicina los que muchas veces no se concretan, o si lo hacen, no lo hacen en los tiempos previstos.

Y es debido a esta forma de comunicar y la forma como se presentan las investigaciones médicas, que se generan en la sociedad falsas expectativas, acerca de las posibilidades médicas en general, como también en las posibilidades individuales de curación.

El nuevo tipo de paciente, que está cada vez más informado y es cada vez más exigente, crea dificultades en la relación médico-paciente, favoreciendo la histeria colectiva de la que se beneficia la industria que comercia con la salud.

Las posibilidades de elegir y la relación de las personas con el futuro y el azar, que suscitan nuevos dilemas éticos y cambios en la cultura, ahora tiene la necesidad de anticipar y cambiar el rumbo que da el diagnóstico preimplantacional, que permite elegir entre diferentes embriones aquellos que están libres de anomalías genéticas y cuentan con características definidas, entre ellas la posibilidad de elegir el sexo del feto.

El deseo de control del azar es la nueva cultura que se basa en las posibilidades de la ciencia y que genera una sociedad compleja y con mayores incertidumbres, que desea anticiparse al futuro y que condiciona las respuestas sociales a fenómenos que antes no era posible controlar.

La cultura de la urgencia conduce a la toma de decisiones compulsivas y la mayoría de las veces erróneas, de las que la salud tiene ejemplos elocuentes.

La cultura de la prevención, sin duda alguna, ha dado frutos muy positivos para mejorar la salud y la calidad de vida. Pero también, en muchos aspectos tiende a convertirse en una prevención insana. La obsesión por la salud perfecta, por evitar el deterioro del organismo ocasionado por la edad, por evitar el sufrimiento relacionado con la enfermedad, terminará por convertirse en una patología generada por la cultura consumista.

 

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