La hepatitis C representa un severo problema de salud pública mundial y uno de los principales motivos es la desinformación. Tan sólo en México la Secretaría de Salud (SSA) estima que 600 mil personas viven con el virus; sin embargo, la mayoría desconocen su condición porque no han sido diagnosticadas. Esta brecha coloca a la detección y tratamiento de la infección en el centro de los esfuerzos para disminuir la carga de la enfermedad.
Parte del problema es que el virus causante puede permanecer oculto durante años o incluso décadas. En la mayoría de los casos no provoca dolor ni síntomas evidentes durante sus etapas iniciales, por lo que muchas personas continúan con su vida cotidiana sin sospechar que su bienestar está en riesgo.
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Día Mundial contra la Hepatitis
Debido a lo anterior, cada 28 de julio se conmemora el Día Mundial contra la Hepatitis y el objetivo es poner atención en este desafío porque contar con tratamientos capaces de curar la enfermedad no es suficiente cuando miles de personas desconocen que viven con el virus y, por tanto, no reciben atención médica a tiempo.
La buena noticia es que hoy la hepatitis C puede curarse si se detecta a tiempo y se trata oportunamente. Para Lawrence S. Friedman, gastroenterólogo en Mass General Brigham, “la enfermedad es una de las grandes historias de éxito de la medicina moderna porque no sólo se puede curar, sino que el tratamiento es sencillo”.
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¿Cuáles son sus principales síntomas y manifestaciones?
Se trata de una infección causada por el virus de la hepatitis C (VHC), que se transmite de una persona a otra a través de la sangre y que provoca inflamación del hígado. Cuando la infección se vuelve crónica y permanece durante años sin diagnóstico ni tratamiento, el daño progresivo puede derivar en cicatrices en el hígado (fibrosis), cirrosis, insuficiencia hepática e incluso aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de hígado.
En México, por ejemplo, la cirrosis hepática ocupa el cuarto lugar entre las causas de mortalidad, según el Instituto Politécnico Nacional (IPN). Además, cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) indican que la infección crónica por este virus está detrás del 36.2% de los casos de cirrosis hepática.
En cuanto a los síntomas y signos, la enfermedad rara vez provoca señales evidentes en sus primeras etapas. Cuando estas aparecen, la manifestación más frecuente es una sensación persistente de cansancio o fatiga de leve a moderada.
El especialista de Mass General Brigham detalla que la hepatitis C puede presentarse en dos formas. La aguda corresponde a la etapa inicial de la infección y ocurre durante los primeros seis meses después de la exposición al virus. Y la crónica se desarrolla cuando el organismo no logra eliminar el virus y la infección permanece en el tiempo, convirtiéndose en una condición de larga duración que puede mantenerse activa durante años.
Aunque muchas personas con hepatitic C aguda tampoco presentan molestias, algunas pueden experimentar síntomas y signos como orina oscura, heces de color grisáceo, fatiga, fiebre, coloración amarillenta en piel y ojos (ictericia), dolor articular, náuseas, pérdida del apetito, vómito o molestias abdominales.
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¿Quiénes tienen mayor riesgo de contraer hepatitis C?
Aunque cualquier persona puede adquirir la enfermedad bajo ciertas circunstancias, existen grupos que presentan una mayor probabilidad de exposición al virus y que podrían beneficiarse de la detección temprana y del tratamiento de la hepatitis C.
El doctor Friedman señala que uno de los principales factores de riesgo es el contacto con sangre infectada, ya que el virus se transmite principalmente por esta vía. Entre las situaciones que incrementan el riesgo se encuentran haber recibido transfusiones sanguíneas, someterse a tratamientos de hemodiálisis o compartir agujas, jeringas u otros materiales utilizados para preparar o inyectar drogas.
También señala que existe mayor exposición en personas que, por motivos laborales, tienen contacto frecuente con sangre, como profesionales de la salud, personal de atención médica o integrantes de servicios de seguridad pública.
Otros factores asociados incluyen vivir con un sistema inmunológico debilitado, haber nacido de una persona con hepatitis C o presentar condiciones que aumentan la exposición al virus, como algunas infecciones de transmisión sexual. En el ámbito sexual, el riesgo puede elevarse cuando existen múltiples parejas o prácticas que favorecen el contacto con sangre.
¿Cómo es el tratamiento actual?
Lo que durante décadas fue una de las principales causas de enfermedad hepática avanzada hoy se considera una infección que puede curarse en la mayoría de los casos.
Actualmente, el tratamiento consiste en medicamentos orales administrados durante periodos relativamente cortos (entre 8 y 12 semanas), con pocos efectos secundarios y tasas de curación superiores al 95%.
Para el especialista, es fundamental que las personas con factores de riesgo consulten a su médico sobre la conveniencia de realizarse pruebas de detección, ya que un diagnóstico oportuno permite iniciar el tratamiento de la hepatitis C de forma temprana y mejorar el pronóstico.
