La hepatitis representa una de las encrucijadas más complejas de la salud pública contemporánea en México. Uno de los principales enemigos es el diagnóstico oportuno porque muy pocas veces se logra identificar de forma inmediata. El motivo es porque la mayoría de las ocasiones es asintomática y sólo se detecta hasta que provoca complicaciones graves como cirrosis o cáncer de hígado.
El hígado realiza más de 500 funciones vitales como filtrar toxinas, producir proteínas esenciales para la coagulación, regular el metabolismo y contribuir a la digestión. Es también uno de los órganos más grandes y resistentes del cuerpo humano y, a diferencia de todos los demás, es el único que tiene la capacidad de regenerarse. El inconveniente es que su capacidad de adaptación puede enmascarar durante años padecimientos como la hepatitis.
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¿Cuáles son los principales tipos de hepatitis que existen?
Esta enfermedad se define como la inflamación del tejido hepático, cuyas causas más frecuentes son virales, siendo los tipos A, B, C, D y E los principales. Lo que hace especialmente compleja a esta enfermedad es su perfil sintomático, pues, en la mayoría de los casos, las hepatitis crónicas son asintomáticas en sus etapas iniciales y una vez que los síntomas aparecen, suelen ser inespecíficos como: fatiga persistente, malestar abdominal leve, náuseas y/o pérdida de apetito.
Por otro lado, la ictericia y la presencia de orina oscura o heces pálidas, son síntomas muy característicos de la enfermedad pero que suelen aparecer cuando ya ha avanzado de forma significativa. Por eso, muchas personas descubren que tienen hepatitis durante una revisión rutinaria o incluso al donar sangre.
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Panorama actual de la hepatitis en México
De acuerdo con la Secretaría de Salud del Estado de México, en nuestro país hasta 70 de cada 100 personas han sido contagiadas con hepatitis alguna vez en su vida, siendo el tipo A el más frecuente en niños de entre cinco y nueve años, y el tipo B en adultos de entre 25 y 44 años. Aunque existen muchos tabúes alrededor de este padecimiento, es importante saber que hay formas de contagio muy comunes.
- Hepatitis A y E: se transmiten a través de alimentos o agua contaminados con las heces de una persona infectada o al comer carne de cerdo, ciervo o mariscos poco cocidos.
- Hepatitis B, C y D: se transmiten por contacto con la sangre de una persona con la enfermedad.
- Hepatitis B y D: se transmiten a través del contacto con fluidos corporales al compartir agujas o tener relaciones sexuales sin protección.
Es importante saber que el estilo de vida moderno ha dado lugar a un tipo de daño hepático que no depende de ningún virus y que es el más común en el mundo: la enfermedad hepática grasa no alcohólica (EHGNA).
Aunque puede presentarse en personas que no tienen factores de riesgo conocidos, la EHGNA es el resultado de más grasa en el hígado de lo normal por padecimientos relacionados con el sobrepeso y la obesidad.
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Principales acciones para prevenir el contagio de hepatitis
- Extremar la higiene con lavado de manos frecuente, beber agua potable y cocer bien los alimentos.
- Evitar compartir jeringas, cuchillas o cepillo de dientes y mantener relaciones sexuales siempre con protección. En caso de hacerse tatuajes o perforaciones, que siempre sea en un centro homológico.
- Contar con un esquema de vacunación completo. La vacuna contra la hepatitis B ofrece una protección del 95-100% contra este virus, mientras que la vacuna contra la hepatitis A, permite que casi el 100% de las personas desarrollen niveles protectores de anticuerpos contra el virus, un mes después de la inyección de una sola dosis.
- Mantener hábitos saludables como el ejercicio y una dieta baja en sodio, así como estudios constantes de sangre.
Las hepatitis virales que evolucionan hacia la cronicidad son conocidas en la comunidad médica como una “epidemia asesina silenciosa”. La detección temprana depende de un hábito sencillo, pero poco practicado como hacerse análisis de sangre periódicos que incluyan marcadores hepáticos.
¿Cómo se logra la detección de la hepatitis?
Una prueba de anticuerpos puede identificar si una persona ha sido expuesta al virus de la hepatitis B o C, mientras que un perfil hepático que incluya transaminasas, bilirrubina y tiempo de protrombina puede dar señales de inflamación o daño incluso en ausencia total de síntomas.
Cuidar el hígado no es un tema exclusivo de quienes ya tienen un diagnóstico o antecedentes, sino una decisión preventiva que empieza por conocer el propio estado de salud, adoptar hábitos que no comprometan la función hepática y contar con acceso a atención médica que vea a la persona de forma integral. La hepatitis puede ser silenciosa; sin embargo, la prevención tiene voz propia.
