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El hambre, la desnutrición y la carencia de macronutrientes son problemas que históricamente han flagelado a los países Latinoamericanos, plagados de desigualdades sociales. Siendo los grupos más vulnerables a esta situación los niños, las mujeres, los ancianos y las poblaciones indígenas.

De hecho, Ecuador es el segundo país latinoamericano, después de Guatemala, con mayores índices de desnutrición en niños entre 0 y 5 años. Según el Índice Global del Hambre de la Organización de Naciones Unidas (ONU), al cierre de 2019 ocupó el puesto número 51 entre los 104 países incluidos en el informe.

Los indicadores tomados en cuenta para realizar la medición incluyen tasa de mortalidad infantil, retraso en el crecimiento y emaciación, que son derivadas de la desnutrición infantil y subalimentación. En la escala, que va de 0 a 100, Ecuador tiene una puntuación de 11.3, lo que significa que está en el extremo inferior de la escala de desnutrición moderada.

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Sin embargo, comparativamente a los puntajes obtenidos por otros países de la región, es el que presenta una situación más precaria. Esta situación crítica se ha visto agravada por la llegada de más de 500 mil migrantes, provenientes en su mayoría de Venezuela y Colombia, quienes huyen de las crisis de sus propios países.

El problema no radica en la calidad ni en la cantidad de los alimentos, como ocurre en otros países de escasos recursos. Sino en el escaso poder adquisitivo que tiene la mayor parte de la población para cubrir sus necesidades básicas, entre ellas la canasta alimentaria. Alcanzar los USD 400 de salario mínimo, es impensable en algunas poblaciones rurales o indígenas.

Más de 2 millones de ecuatorianos sobreviven con una alimentación basada en granos, carbohidratos y cereales. Así mismo, la proteína animal es casi nula, igual que el consumo de frutas y verduras. Esta desnutrición crónica se hace patente en la baja talla de los niños y en el bajo rendimiento escolar.

La falta de agua potable, y la carencia de servicios básicos como el gas para la cocción de los alimentos, agravan el cuadro de salud de los niños que padecen esta situación. Por lo que frecuentemente observamos parasitosis intestinales y problemas respiratorios graves en niños desnutridos de localidades rurales.

La UNICEF, considera que la desnutrición en los niños menores de 2 años, no sólo es un factor de riesgo que incrementa la tasa de mortalidad infantil, sino que es un problema que se arrastra durante el resto de la vida. Los niños desnutridos tienen mayor probabilidad de presentar baja talla, deserción escolar y menores ingresos económicos durante la vida adulta, lo cual perpetúa y agrava el círculo de pobreza.

Según la última encuesta ENSAND 2019, el 8,8% de la población ecuatoriana vive en pobreza extrema, sobreviviendo con menos de USD47.7 al mes. Y se estima que con el impacto económico causado por la pandemia, esta cifra alcance el 13% para finales del 2020.

En este escenario, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, observa con preocupación como América Latina, incluido Ecuador, se aleja de los Objetivos del Desarrollo Sostenible, planteados para el año 2030.  

 

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