La “epidemia silenciosa” de la miopía infantil en escuelas mexicanas debido al uso de pantallas

La miopía infantil se ha convertido en una de las principales preocupaciones de salud visual a nivel mundial y México no es la excepción. Especialistas advierten que el incremento en el uso de dispositivos electrónicos, combinado con una menor exposición a actividades al aire libre, está favoreciendo un aumento acelerado de casos entre niñas, niños y adolescentes. Se trata de una “epidemia silenciosa” que, de no atenderse oportunamente, podría tener importantes repercusiones en la salud y el aprendizaje de las nuevas generaciones.

Permanencer mucho tiempo en interiores también favorece la miopía infantil

En los últimos años, las pantallas se han integrado de manera permanente a la vida escolar. Computadoras, tabletas y teléfonos inteligentes son herramientas útiles para el aprendizaje; sin embargo, el tiempo excesivo frente a estos dispositivos obliga a los ojos a realizar un esfuerzo constante para enfocar objetos cercanos. A ello se suma el uso recreativo de videojuegos, redes sociales y plataformas de entretenimiento, que prolonga aún más las horas de exposición.

Diversos estudios han señalado que permanecer largos periodos en interiores también influye en el desarrollo de la miopía. La luz natural y las actividades al aire libre desempeñan un papel protector para la salud ocular, por lo que reducir el tiempo en espacios abiertos puede aumentar el riesgo de que este trastorno visual aparezca o progrese durante la infancia.

Las consecuencias van más allá de la necesidad de usar lentes. La miopía no controlada puede afectar el desempeño escolar, dificultar la lectura del pizarrón, reducir la participación en actividades deportivas e impactar la calidad de vida. Además, cuando alcanza grados elevados, incrementa el riesgo de desarrollar enfermedades oculares como desprendimiento de retina, glaucoma o degeneración macular en la edad adulta.

La prevención es fundamental

Frente a este panorama, la prevención cobra un papel fundamental. Los especialistas recomiendan limitar el tiempo de exposición a pantallas fuera del horario escolar, promover descansos frecuentes mediante la regla 20-20-20 —cada 20 minutos, mirar un objeto a seis metros de distancia durante 20 segundos— y fomentar al menos dos horas diarias de actividades al aire libre siempre que sea posible. Asimismo, realizar revisiones oftalmológicas periódicas permite detectar alteraciones visuales de manera temprana e iniciar el tratamiento adecuado.

La tecnología continuará formando parte de la educación, pero su uso debe ir acompañado de hábitos saludables que protejan la visión. Escuelas, familias, profesionales de la salud y autoridades tienen la responsabilidad compartida de impulsar estrategias de prevención, educación y detección oportuna. Cuidar la salud visual desde la infancia no solo mejora el rendimiento académico, sino que también contribuye a preservar la calidad de vida de millones de estudiantes mexicanos en el futuro.