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El envejecimiento es producto de cambios funcionales que conducen a una reducción de la capacidad física del ser humano.

La estructura corporal está compuesta por músculos y huesos que son susceptibles y vulnerables al deterioro y pueden conducir a una discapacidad relativa, afectando algunas funciones, aún antes del envejecimiento, debido a que no alcanzaron un óptimo desarrollo durante la plenitud de la vida.

La sarcopenia, es una complicación que se asociada al envejecimiento, y es el resultado de muchas variables que dificultan su prevención, diagnóstico y tratamiento, llevando al paciente a tener una calidad de vida deficiente y a sufrir discapacidad física.[1]

Dentro de los tratamientos recomendados para prevenir o retrasar la sarcopenia y la fragilidad física se encuentra el entrenamiento de la fuerza y en general el ejercicio realizado de forma vigorosa.

Detrás de la fragilidad, se esconden situaciones como el sedentarismo, la nutrición inadecuada y a estos factores se le suman otros elementos como los cambios hormonales, los cambios neuromusculares y la participación de citoquinas, además, de factores genéticos. Como consecuencia de la edad, se disminuye la fuerza muscular, resultando en la pérdida del equilibrio y de la fuerza, aumentando el riesgo de sufrir caídas y enfermedades degenerativas del sistema osteomuscular.

Pese a la idea de que en la edad avanzada es innecesario el entrenamiento físico que involucra la fuerza y el ejercicio vigoroso, existen evidencias de la importancia y beneficios que ofrecen este tipo de ejercicios a la vitalidad, la fragilidad y a muchas enfermedades osteomusculares. De hecho, las personas mayores de 80 años pueden lograr un buen acondicionamiento muscular mediante el entrenamiento de la fuerza.

En los pacientes mayores de 65 años, todos los sistemas de su cuerpo, se deterioran y comienzan a tener más riesgo cuando se presentan factores estresantes, teniendo un riesgo mayor de hospitalización, discapacidad o muerte. La fragilidad se caracteriza por el declinar progresivo de los sistemas fisiológicos relacionados con el envejecimiento, que, reducen su capacidad intrínseca y que le confiere una vulnerabilidad, aumentando el riesgo de sufrir eventos de salud adversos.

La fragilidad en los adultos mayores puede intervenir de manera sencilla y eficaz, implementando en su rutina diaria el entrenamiento de la fuerza, ofreciendo múltiples beneficios. Al ejercitar la fuerza de forma constante y progresiva, se evitan situaciones comunes a las personas de edad avanzada como la pérdida de peso, la lentitud, el cansancio y la debilidad que son cuatro criterios involucrados en el diagnóstico de la fragilidad física, que es un estado inicial en la pre-discapacidad. Y que, al ejercitar la fuerza se puede prevenir y hasta revertir.

Además, es preciso revisar y corregir, de ser necesario, los factores nutricionales que tienen una influencia directa sobre la salud. El entrenamiento físico y el entrenamiento cognitivo, la nutrición adecuada y el control de fármacos han demostrado resultados positivos y muy benéficos en la disminución de la fragilidad física y enfermedades relacionadas con el envejecimiento.

[1] https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/envejecimiento-y-salud  

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