“El primer trabajo del médico es político: la lucha en contra de la enfermedad debe iniciar como
una guerra contra el mal gobierno. El ser humano será total y definitivamente curado sólo si es
primero liberado”
MICHEL FOUCAULT, El nacimiento de la clínica

Todos aquellos que han pasado por una escuela de medicina como estudiantes o se dedican a la enseñanza médica saben que formar un médico es una tarea larga y compleja. Ahora, formar no sólo médicos, sino buenos médicos, es una labor que no termina nunca. Todos salen médicos de la escuela, pero no todos llegan a ser buenos médicos, algunos no los son nunca, otros lo llegan a ser, pero abandonan la disciplina, la pasión o simplemente se cansan. Ser un buen médico es algo muy difícil de lograr y conservar, porque no sólo se necesita estudio continuo y destreza manual, también requiere capacidad para escuchar y poder comunicar mensajes complejos en palabras sencillas. Ser bueno es ser empático, compasivo, pero también saber motivar e incluso restringir conductas sin ser ofensivo o autoritario. Además de todo esto, yo creo que los mejores médicos que he tenido el honor de conocer no sólo hacen eso, también reconocen su función política.

Hélder Câmara, quien fuera obispo de Recife, decía: Si le doy de comer los pobres, me dicen que soy un santo, pero si pregunto por qué son pobres me dicen que soy un comunista. Me parece que lo mismo le sucede a los médicos. Si atienden a cientos de pacientes en medio de una pandemia son héroes, pero si se quejan de las carencias de equipo de protección, insumos o de las malas políticas gubernamentales los despiden y marginan. La función política del médico es servir de contrapeso a la autoridad sanitaria. Denunciar las carencias, los abusos y las desigualdades. La función política del médico esta siempre al lado del paciente, es buscar que el sistema cambie para mejorar la salud de la población.

Un médico sabe detectar la desnutrición en un niño y resolverla, pero me parece que el buen médico también tiene la obligación de preguntarse. ¿Por qué los niños de mi comunidad llevan tantos años desnutridos? Sería ingenuo pensar que la gran desigualdad en esperanza de vida, muertes materno-fetales, distribución de enfermedades infecciosos y crónicas no son en parte culpa de la poca inversión en salud, el saqueo y abandono que ha sufrido el sector salud desde hace muchos años. Me parece que la función política del médico no es militar en un partido, sino reconocer que muchos padecimientos tienen causas sociales y estas, en ocasiones, se generan por un gobierno insensible, corrupto o poco eficiente. El buen médico debe no sólo incidir en el individuo, también debe de actuar en la familia, la comunidad y el país. De poco sirve curar a cien niños de cólera si no limpiamos el rio. El médico tiene que curar a los niños, pero también tiene el deber de denunciar que el rio está sucio.

En México, desde hace mucho se ha condenado la función política del médico y las prácticas autoritarias y excesivamente verticales de la enseñanza médica favorecen la cultura de no denunciar. Si un médico habla de los problemas del sistema de salud lo más probable es que lo despidan o lo marginen. Por lo tanto, los médicos se han acostumbrado a “mirar para otro lado” cuando ven los efectos de la corrupción o la desigualdad en sus hospitales. Yo creo que gran parte del enorme desgaste que sufren los médicos en nuestro país se debe a que se les obliga a mantener esta actitud de silenciosa complicidad. Cansa y frustra el tener demasiados pacientes, pocos insumos, equipo obsoleto y largos tiempos de espera, pero también cansa saber porque las cosas están así y no poder hacer algo. Ningún médico está feliz con esto y la frustración de verlo y no poderlo externar genera frustración y desgaste.

En los hospitales se desnudan los problemas sociales de una comunidad y por eso, históricamente, los médicos han sido buenos escritores y buenos políticos, en parte porque ven las consecuencias de las malas políticas públicas, de la falta de servicios básicos como agua potable o alimentación balanceada y de los gobiernos corruptos o ineficientes. Me parece que el buen médico tiene la responsabilidad no sólo de curar a su paciente, sino de evitar a otros el sufrimiento de padecer la misma enfermedad. El buen médico se compromete con romper la historia social de las enfermedades, porque sabe que cuando un paciente llega a un consultorio o a un hospital muchas veces es demasiado tarde.

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Mauricio Sarmiento tiene un despacho jurídico en el que se ofrece asesoría a médicos o personal de salud en temas de derecho médico y responsabilidad civil. Escritor de En la Residencia Médica.