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Por causa de la pandemia de COVID-19, llevamos mucho tiempo escuchando hablar de “virus”. Desde el comienzo se sabe que el virus que causa esta enfermedad es altamente contagioso, que se transmite a partir de partículas víricas suspendidas en el aire (los llamados aerosoles), que son liberados por las personas que tienen la enfermedad al estornudar, toser y hablar, y que la mejor protección está en guardar la distancias y llevar puesta siempre la mascarilla.

La diabetes tiene dos formas predominantes: la diabetes de tipo 1, que aparece en la infancia y la juventud, y la diabetes de tipo 2 que aparece en edades avanzadas y tienen relación directa con el sedentarismo, la obesidad y aparece alrededor de los 40 años de edad.

La diabetes mellitus del tipo 1 es causada por lesiones totales o parciales de las células del páncreas, denominadas beta, que son las encargadas de la fabricación de la hormona insulina. Con la pérdida de las células beta, se produce el aumento de la glucosa en sangre y que produce síntomas como pérdida de peso, sed, orina copiosa y cuando no se trata a tiempo, produce un aumento de cetona en sangre, deshidratación y otros trastornos que pueden conducir a un coma diabético e incluso, a la muerte. No se conoce el origen de la lesión que causa esta enfermedad, pero, sí se sabe que la segunda causa es una reacción inflamatoria o autoinmune del organismo que desencadena esta destrucción.

Se especula que algunos virus tienen un apetito específico por estas células, y podría ser esa la base del inicio de la inflamación desordenada y la reacción autoinmune que en lugar de proteger y defender al organismo de la agresión se convierte en la agresión hacia esas células vitales. Así se explica la relación que tienen los virus con la diabetes del tipo 1. Y como se ha visto en el coronavirus que causa la enfermedad de COVID-19, la gravedad no está en el propio virus, sino en la respuesta que se desencadena en el organismo para protegerlo de la agresión del virus. En algunas publicaciones se ha dicho que el virus que provoca el COVID-19 podría atacar las células beta encargadas de fabricar la insulina y desencadenar la diabetes.

Para las personas diagnosticadas con diabetes, en cualquiera de sus formas, la susceptibilidad a las infecciones es mayor y tiene un alto grado de gravedad, en especial para aquellas personas que no tienen un control sobre la enfermedad. La glucosa elevada en sangre es uno de los factores que pueden determinar una mala evolución del COVID-19.

El organismo trata de mantener un equilibrio con su entorno inmediato, incluidas las bacterias y los virus, que se han acomodado en él. Por lo que una dieta inapropiada y el mal control de la diabetes, pueden romper el equilibrio y frente a una agresión externa, la respuesta puede ser insuficiente. Para ello, tres recomendaciones:

  1. El control del azúcar en la sangre, nos protege de las infecciones.
  2. Vacunarse para prevenir infecciones víricas como la gripe y el COVID-19.
  3. Guardar todas las medidas de precaución para evitar contagios.

 

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