Durante muchos años, el envejecimiento de la población se abordó como uno de los principales desafíos para los sistemas de salud y las economías. Sin embargo, esa visión está evolucionando. Hoy, la economía de la longevidad propone un cambio de enfoque: el aumento en la esperanza de vida no solo implica atender una transformación demográfica, sino también aprovechar una oportunidad para impulsar la innovación, fortalecer la productividad y replantear la forma en que se invierte en salud.
Las cifras reflejan la dimensión de este fenómeno. Se estima que para 2050 habrá más de 2,100 millones de personas mayores de 60 años en el mundo, más del doble de los cerca de 1,000 millones registrados en 2020. Al mismo tiempo, más de una de cada cuatro personas vive en países donde la población ya alcanzó su punto máximo, una tendencia impulsada por el aumento de la esperanza de vida y la disminución de las tasas de natalidad.
Este cambio va mucho más allá de la presión que pueda ejercer sobre los sistemas de pensiones o de atención médica. También está dando paso a nuevas oportunidades para industrias como la salud, la tecnología, las finanzas y los servicios de cuidado. El verdadero reto será adaptar los modelos económicos y sociales a una población que vivirá más años y que tendrá necesidades distintas a lo largo de cada etapa de la vida.
El impacto económico también resulta significativo. De acuerdo con un análisis del Foro Económico Mundial, tres intervenciones de bajo costo —adaptar los hogares para prevenir caídas, fomentar la actividad física y ampliar el acceso a auxiliares auditivos— podrían generar más de 5.8 billones de dólares en ahorros para los sistemas de salud y 645 mil millones de dólares adicionales en productividad hacia 2040. Además, estas medidas podrían evitar alrededor de 400 millones de caídas, 8.5 millones de nuevos casos de diabetes tipo 2 y 2.4 millones de casos de demencia.
En paralelo, la innovación tecnológica está desempeñando un papel cada vez más relevante. Herramientas como la inteligencia artificial, el monitoreo remoto, los dispositivos inteligentes y la medicina personalizada están cambiando la forma de prevenir enfermedades, identificar riesgos y favorecer una vida más saludable. El objetivo ya no es únicamente tratar la enfermedad, sino anticiparse a ella.
En este contexto, la economía de la longevidad plantea un reto que trasciende la expectativa de vivir más años: lograr que esos años se vivan con salud, autonomía y calidad de vida. Alcanzarlo requerirá la colaboración entre gobiernos, empresas y sistemas de salud para impulsar políticas públicas, modelos de atención e inversiones acordes con una realidad demográfica que ya está transformando al mundo.
Más que un indicador de salud, la longevidad se perfila como uno de los grandes motores de innovación, crecimiento económico y desarrollo para las próximas décadas. Comprender su impacto y prepararse para este cambio será clave para construir sociedades más resilientes, sostenibles y centradas en el bienestar de las personas.
Héctor Salinas es egresado del CECC Pedregal en la Licenciatura en Marketing y Publicidad. Cuenta con más de 10 años de experiencia en la industria pharma para el desarrollo de campañas y proyectos especiales para las principales farmacéuticas a nivel mundial. Actualmente es CEO de McCANN Health – Sistemas Integrales. AN IPG Health Company, agencia líder en el ramo farmacéutico con productos y marcas que cuentan con líderes en el mercado health.

