Médicos residentes venezolanos, ¿con vocación para el sufrimiento?

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Si la indicación continua de tus profesores de medicina fuera “esto es los que se debe hacer”, pero “hagan lo que se pueda”, ¿cómo lo tomarías?

Los artículos que se publican en diversos medios sobre las condiciones en que trabajan los residentes en hospitales venezolanos dan cuenta del calvario que deben pasar a fin de salvar la vida a sus pacientes: cooperaciones para comprar insumos médicos, prácticas contraindicadas, uso mínimo de medicamentos, en fin, “hacer lo que se pueda” con lo que se tenga a la mano es el principio de trabajo.

En el artículo “Una generación de médicos de guerra”, por ejemplo, la periodista Diana Sanjinés reporta que la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela (UCV) enfrenta una grave deserción de alumnos de posgrado y fuga de profesores, pues 62 por ciento de la plantilla está conformada por jubilados y en los últimos dos años 120 docentes renunciaron, mientras que en el Hospital Universitario de Caracas, de una generación de 14 residentes que comenzaron estudios de Anestesiología, sólo quedan 9.

Asimismo, señala que en los laboratorios universitarios se turnan el uso de microscopios, está prohibido manipular los endoscopios, se efectúan escasos electrocardiogramas para la cátedra de Cardiología (tres o cuatro en lugar de los 40-50 que son necesarios), y mensualmente se pierden entre uno y dos días de clases debido a paros.

Pero esta es sólo una parte del problema, lo más grave, consideran los estudiantes de medicina cuya voz también se hizo escuchar en El Clarín, es que los pacientes mueren esperando por medicamentos que no llegan y cirugías que no pueden llevarse a cabo por falta de insumos y quirófanos.

En este contexto, la frustración se hace presente, de modo que se está formando una generación de médicos con enorme empatía por los pacientes y sus familiares, ya que, a falta de medicamentos, dedican tiempo y trato caluroso a sus enfermos pero, además, hay quienes hacen cooperaciones para comprar unas cuantas medicinas, mientras sus maestros juntan los recursos necesarios para ayudarlos a efectuar algunas prácticas.

Salones de clases en los que se acumulan hasta 50 estudiantes en lugar de los 15 para los que están creados, hospitales con carritos que usan botellas de refresco para desechar agujas, quirófanos que no funcionan, informes médicos en los que se reporta lo que debería hacerse y lo que se puede hacer, son algunas de las escena cotidianas que forman a estos profesionales de la salud que se gradúan sin cumplir el récord de cirugías que requieren, pues la falta de insumos y medicinas los limitan.

Los futuros médicos de Venezuela enfrentan retos que los obligan a preguntarse si deberían seguir preparándose para atender enfermos cuando no tienen los recursos necesarios para hacerlo y, por si fuera poco, quedan expuestos a amenazas cuando familiares de pacientes fallecidos los responsabilizan por las deficiencias del sistema sanitario.

Por ello, residentes y pacientes se han unido para lanzar en redes sociales una campaña donde se muestran fotos en que, con carteles, señalan el tiempo que llevan esperando por una cirugía, medicinas o insumos.

La crisis sanitaria en Venezuela está poniendo en riesgo la vida de miles de enfermos y, a la vez, creando una generación de médicos que hacen lo que pueden, no lo que dictan los libros porque las condiciones de su entorno no se los permiten. ¿Qué harías si estuvieras en su lugar? ¿Seguirías adelante, habrías emigrado, o simplemente desertado de la Medicina?

Imagen: Bigstock