Médicos de Sinaloa, bajo constante amenaza por parte de familiares de los pacientes

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El gremio médico vive indudablemente uno de su peores momentos en cuestión de inseguridad en México. Prepararse por más de 10 años ya no es garantía de convertirse en una figura respetada ante la sociedad.

Ejemplos hay muchos, como hace algunos meses cuando médicos residentes de Colima se manifestaron en contra de ser enviados a comunidades rurales clasificadas como altamente violentas. O también están los casos de los médicos que han sido asesinados y cuyos crímenes no se han resuelto.

Bajo este contexto, el director del Centro Dermatológico de Sinaloa, Guillermo Moraila, mencionó que los médicos de esta entidad viven bajo un clima de inseguridad y amenazas propiciado en muchas ocasiones por las mismas familias de los pacientes.   

Se han reportado decenas de casos en donde los familiares han atentado contra la vida de los médicos. La mayoría de mis colegas trabaja de manera responsable, con profesionalismo y sin faltar a su ética. Pero en los casos difíciles, donde el paciente tiene un alto riesgo de muerte, los familiares ejercen presión para que el médico haga ‘milagros’ para salvarlos. Ellos no saben que hacemos todo lo que está a nuestro alcance para salvar la vida de las personas, para eso nos preparamos, aun con los pocos recursos que tenemos.

Guillermo Moraila señaló que existen médicos que por la naturaleza de su especialidad deben estar en la clínica o en el hospital día y noche.

Los médicos tenemos la vocación de servir a quien lo necesite. Tenemos la obligación de hacer un buen papel para ofrecer un servicio de calidad a través de la preparación y actualización diaria. El compromiso lo tenemos, pero la gente debe entender que nosotros no hacemos milagros.

Agregó que las familias deben comprender que los médicos también son seres humanos.

Muchos compañeros viven lejos de sus familias, de sus hijos y por lo general se pierden de fechas especiales por salvar la vida de otra persona ya sea de día o de noche. No pedimos compasión, pero sí un poco de entendimiento y razón por parte de los pacientes y sus familiares.