La lista de enfermedades es prácticamente infinita e incluso de manera permanente se describen nuevas patologías. Al mismo tiempo, hay algunas que captan la mayoría de la atención porque son muy comunes pero también hay otras con las que ocurre lo contrario. Dentro de esta segunda categoría se encuentra la miastenia gravis porque muchas veces es ignorada.
Debido a su baja incidencia es clasificada como una enfermedad rara. Aunque lo más grave es que la falta de difusión provoca que haya mucha desinformación y confusión entre los pacientes. Además perjudica el diagnóstico y la posibilidad de acceder a tratamientos.
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¿Qué es la miastenia gravis?
La miastenia gravis es una enfermedad neuromuscular autoinmune crónica que se caracteriza por una debilidad fluctuante de los músculos voluntarios, es decir, aquellos que se controlan conscientemente.
En México se estima que tiene una incidencia que varía entre 8 y 10 casos por cada millón de habitantes. Aunque puede presentarse a cualquier edad suele ser más frecuente en mujeres menores de 40 años y hombres mayores de 50, por lo que el diagnóstico oportuno es crucial.
Uno de los mayores problemas es que suele confundirse con fatiga, estrés u otros padecimientos, lo que provoca que los pacientes no siempre puedan acceder a una atención adecuada. Por lo mismo, cada 2 de junio se conmemora el Día Mundial de la Miastenia Gravis.
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Principales síntomas
A diferencia de otras enfermedades, los síntomas de la miastenia gravis generalizada cambian a lo largo del día y pueden intensificarse rápidamente. Lo que comienza con fatiga puede evolucionar hasta dificultar acciones como hablar, ingerir alimentos o mantener los ojos abiertos, haciendo que cada actividad cotidiana requiera un esfuerzo adicional.
Impacto profundo en la calidad de vida y la salud mental
Un estudio reciente determinó que más de la mitad de los pacientes con miastenia gravis manifiestan problemas respiratorios, visión doble y caída o descenso del párpado superior (párpado caído).
Aproximadamente el 45% manifiesta problemas para hablar, masticar y deglutir. Alrededor del 50% sufre fatiga muscular, caracterizada por la dificultad para levantarse de una silla, cepillarse los dientes o peinarse.
Más allá de la debilidad física, la imprevisibilidad de las crisis miasténicas, que pueden comprometer la respiración y requerir hospitalización, genera una importante carga emocional y psicológica. Estudios recientes han mostrado que 31% de los pacientes presenta síntomas de depresión y 36% trastornos de ansiedad.
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Factores de riesgo
Aunque la causa exacta todavía no se conoce, especialistas han identificado diversos factores que pueden estar relacionados con su aparición.
- Factores genéticos: Tener antecedentes personales o familiares de enfermedades autoinmunes puede incrementar el riesgo de desarrollar la enfermedad.
- Alteraciones en la glándula timo: Un agrandamiento del timo o la presencia de anomalías en esta glándula se han asociado con la miastenia gravis.
- Edad y sexo: Es más frecuente en mujeres menores de 40 años y en hombres mayores de 50 años.
- Factores desencadenantes: El estrés, algunas infecciones y ciertos medicamentos pueden detonar o agravar los síntomas en personas predispuestas
Necesidades no atendidas para el paciente
A pesar de los avances en el tratamiento de la miastenia gravis generalizada, 62% de los pacientes tratados con terapias tradicionales continúan presentando síntomas de moderados a graves. Esto refleja la necesidad de contar con nuevas opciones terapéuticas eficaces, con perfiles de seguridad demostrados y capaces de ofrecer un control sostenido de la enfermedad. La investigación médica sigue avanzando y generando evidencia sobre nuevos tratamientos para esta condición.
Dificultad para lograr un diagnóstico correcto
Debido a que síntomas como la visión doble o el cansancio extremo pueden confundirse con estrés, envejecimiento u otras afecciones neurológicas, como la esclerosis múltiple, el diagnóstico de la miastenia gravis puede tardar meses e incluso años. Por ello, visibilizar la enfermedad y promover un diagnóstico oportuno y preciso es fundamental para mejorar la calidad de vida de los pacientes.
