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El refuerzo y la motivación son dos procesos de gran importancia biológica, ya que fomentan el bienestar y procuran la supervivencia de los individuos.  La conducta motivada hace parte de los procesos de homeostasis, los cuales a través de sistemas de retroalimentación regulan desequilibrios internos. En otros casos, la conducta de motivación no está controlada por la satisfacción de necesidades específicas, sino que atiende a estímulos externos que tienen propiedades intrínsecas incentivas. En este sentido, un refuerzo se convierte en un objetivo implícito o explícito que puede incrementar la frecuencia de la conducta, evocando respuestas de acercamiento.

Para dar respuesta a los estímulos del medio y a distintos entornos y evolucionar, el ser humano ha desarrollado mecanismos de adaptaciones cada vez más efectivas, sofisticados y vinculados a las condiciones del medio.  El órgano encargado de dicha labor, de desarrollar los mecanismos de supervivencia y adaptación a estas situaciones, es el cerebro. Para ello cuenta con un sistema denominado sistema de recompensa ubicados en el sistema nervioso central, que obedecen a estímulos específicos y naturales. Regulados por neurotransmisores, permitiendo que el individuo desarrolle conductas aprendidas que responden a hechos placenteros o de desagrado, gratificaciones naturales de supervivencia básica como comida, agua y sexo para mantenerse vivo. La estimulación eléctrica de algunas zonas del cerebro puede resultar placentera para diferentes especies de animales, así como para el ser humano, además de propiedades reforzantes. Este fenómeno ha sido muy útil para ayudar a entender los mecanismos cerebrales del refuerzo de las cosas que nos producen placer, que implican unos resultados y unas consecuencias positivas y que elicita emociones positivas y sentimientos hedónicos.

La relación que tiene una persona con un refuerzo, puede variar a lo largo del tiempo, siendo muy complejas e implican diferentes factores motivacionales e incentivos que configuran el acercamiento hacia un determinado tipo de estímulo en un momento dado de la vida de la persona. Recientes trabajos llevados a cabo con técnicas de neuroimagen parecen mostrar que existe una región en nuestro cerebro que podría explicar este cambio: la corteza prefrontal.  El procesamiento de la información reforzante puede ayudar a establecer un sistema de valores y de referencia para la toma de decisiones.  Parece que estamos hablando de características que son inherentes a todos nosotros en tanto que, cada uno, mostramos diferentes preferencias. No obstante, las circunstancias pueden cambiar las preferencias de las personas, lo que puede llevar a la elección óptima desde un punto de vista objetivo o incluso a decisiones que no resultarían adecuadas.

Las neuronas que detectan la aparición de un refuerzo procesan la información sobre su valor motivacional y su identidad. Esta información podría ayudar a crear representaciones neurales que permitan a los sujetos esperar refuerzos futuros, acordes a la experiencia previa y adaptar su conducta a los cambios en las contingencias del propio refuerzo. La complejidad de las relaciones existentes entre los procesos de percepción, predicción y valoración de los estímulos con propiedades motivacionales parece requerir la existencia de múltiples estructuras cerebrales. La OMS promueve a través de diferentes publicaciones la motivación, placer y refuerzo en diferentes ámbitos de una persona especialmente en su entorno laboral.

[1] [1] (REDOLAR, 2019)  

 

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