A varios años de su entrada en vigor, la NOM-035-STPS-2018 se mantiene como uno de los esfuerzos más relevantes en México para reconocer y atender los factores de riesgo psicosocial en el trabajo. En 2026, la conversación ya no gira en torno a su implementación inicial, sino a una pregunta más compleja: ¿ha logrado realmente impactar la productividad nacional al reducir el estrés laboral?
La NOM-035 surgió para frenar el estrés laboral en el país
La norma surgió con el objetivo de identificar, analizar y prevenir condiciones como cargas excesivas de trabajo, jornadas prolongadas, liderazgo negativo y entornos organizacionales adversos. En teoría, atender estos factores debía traducirse en mayor bienestar para los trabajadores y, como consecuencia, en mejores niveles de desempeño y eficiencia en las empresas.
Sin embargo, la realidad ha sido desigual. Grandes corporaciones han avanzado en la adopción de políticas internas, evaluaciones periódicas y programas de bienestar. En estos casos, se reportan mejoras en indicadores como rotación de personal, ausentismo y clima laboral. No obstante, en pequeñas y medianas empresas —que representan una parte significativa del tejido productivo del país— la NOM-035 aún enfrenta barreras importantes, como falta de recursos, desconocimiento o implementación meramente administrativa.
Medir el impacto del estrés en la productividad ha sido uno de los retos
Uno de los principales retos ha sido medir con precisión el impacto directo del estrés laboral en la productividad. Aunque existen estudios que vinculan el bienestar emocional con un mejor rendimiento, en México aún se carece de sistemas homogéneos que permitan evaluar estos efectos a escala nacional. Esto ha generado que, en muchos casos, la norma se perciba como un requisito de cumplimiento más que como una herramienta estratégica.
Aun así, especialistas coinciden en que la NOM-035 ha tenido un efecto positivo al menos en la visibilización del problema. Hoy, el estrés laboral ya no es un tema tabú, y cada vez más organizaciones reconocen su impacto en la salud mental y en los resultados del negocio. Este cambio cultural es un paso clave, aunque insuficiente por sí solo.
De cara al futuro, el desafío está en fortalecer la supervisión, simplificar su aplicación para las pymes y promover una cultura organizacional que priorice el bienestar. Si se logra consolidar como una práctica real y no solo normativa, la NOM-035 podría convertirse en un motor importante para mejorar tanto la calidad de vida de los trabajadores como la productividad nacional en México.
