El panorama de la obesidad en México ha dejado de ser una simple preocupación de salud pública para convertirse en una de las crisis estructurales, financieras y demográficas más complejas del siglo XXI. En la actualidad el país enfrenta una preocupante aceleración del problema en las generaciones más jóvenes y a un impacto económico que amenaza la viabilidad de las instituciones.
Durante años la conversación sobre la obesidad se ha centrado en los hábitos, especialmente en la alimentación y la actividad física, aunque esta condición es mucho más compleja. Factores biológicos, psicológicos, genéticos, ambientales y sociales influyen en su desarrollo. Esta visión ha contribuido al estigma, la culpa y la automedicación, retrasando el acceso a tratamientos efectivos.
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Panorama actual de la obesidad en México
En México, 4 de cada 10 adultos (41% en mujeres y 33% en hombres) viven con esta condición, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua 2020-2023 (ENSANUT) y la prevalencia es mayor en el grupo de 40 a 59 años.
Esta realidad convierte a México en uno de los países con mayor prevalencia de obesidad a nivel mundial y representa un importante desafío de salud pública por su asociación a enfermedades crónicas.
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¿Cuáles son las barreras que impiden ofrecer una atención médica oportuna?
A pesar de las altas cifras, la decisión de buscar atención médica no avanza al mismo ritmo que su incidencia. Más allá del acceso a tratamiento, persisten barreras menos visibles que influyen en cómo se percibe y se enfrenta esta condición.
- Estigma social: se asocia la obesidad con falta de disciplina o voluntad, generando vergüenza y miedo al juicio.
- Desconocimiento de sus causas: factores como el hambre emocional, estrés, ansiedad, medicamentos y genética suelen pasarse por alto.
- Percepción de inaccesibilidad: creencia de que los tratamientos son complejos, caros y/o poco efectivos.
Actualmente, los enfoques reconocen la obesidad como una enfermedad crónica y ofrecen tratamientos individuales y multidisciplinarios. Esta visión incluye: evaluación médica integral, orientación nutricional personalizada, apoyo psicológico, actividad física adaptada y en algunos casos, tratamiento médico. Este modelo mejora la adherencia, los resultados a largo plazo y la calidad de vida.
“En redes sociales abundan recomendaciones restrictivas, productos ‘milagro’ y rutinas de ejercicio extremas que, lejos de mejorar la salud, generan más estrés, no son sostenibles a largo plazo y moldean el camino hacia la reganancia de peso. La obesidad no puede seguir abordándose desde el estigma. Comprender su complejidad no solo mejora los tratamientos, también fomenta la empatía”, puntualiza el Dr. Juan Mauricio Vera, especialista en Endocrinología, Metabolismo y Obesidad.
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Para combatir la obesidad se deben acabar los prejuicios
Es urgente cambiar la conversación para cambiar la realidad sobre la obesidad, pasar de una visión basada en prejuicios y culpas a una que reconozca sus factores biológicos, psicológicos y sociales. Solo así será posible reducir el estigma, promover la búsqueda de atención médica y avanzar hacia un abordaje más empático y efectivo.
Ante cualquier preocupación por peso o hábitos alimenticios, consultar a un especialista en obesidad puede ser el primer paso hacia una mejor salud.
