Obesidad infantil en México: ¿Por qué el nuevo etiquetado no ha sido suficiente?

México enfrenta desde hace años una grave crisis de obesidad infantil. El consumo frecuente de bebidas azucaradas y productos ultraprocesados, junto con la falta de actividad física y las desigualdades en el acceso a alimentos saludables, ha creado un entorno que favorece el aumento de peso desde edades tempranas. Ante este panorama, el etiquetado frontal de advertencia surgió como una medida para ayudar a los consumidores a identificar productos con exceso de calorías, azúcares, sodio y grasas.

El consumo masivo de productos ultraprocesados ha aumentado la obesidad infantil

Los octágonos negros son claros, visibles y fáciles de entender. A diferencia de modelos anteriores, no exigen conocimientos avanzados de nutrición para reconocer que un producto contiene cantidades elevadas de determinados nutrientes críticos. Sin embargo, informar no siempre significa cambiar hábitos.

Una de las principales limitaciones del etiquetado es que la decisión de compra no depende únicamente de la información nutricional. El precio, la disponibilidad y la publicidad influyen profundamente en lo que comen las familias mexicanas. En muchas comunidades, los productos ultraprocesados son económicos, prácticos y fáciles de encontrar, mientras que frutas, verduras y otros alimentos frescos pueden ser menos accesibles o más costosos.

Además, los niños continúan expuestos a un entorno que normaliza el consumo de productos poco saludables. Aunque existen restricciones publicitarias y los productos con sellos no pueden utilizar ciertos personajes infantiles, las estrategias de marketing evolucionan constantemente. Las redes sociales, los influencers y las promociones digitales representan nuevos espacios donde las marcas pueden mantener una fuerte presencia.

Existe un problema de educación alimentaria

También existe un problema de educación alimentaria. Reconocer un sello de “Exceso de azúcares” no necesariamente ayuda a una familia a planear un menú equilibrado, interpretar porciones o encontrar alternativas económicas. El etiquetado advierte sobre el riesgo, pero no ofrece por sí solo las herramientas necesarias para transformar la alimentación cotidiana.

Por ello, combatir la obesidad infantil requiere una estrategia mucho más amplia. Es necesario fortalecer la educación nutricional desde las escuelas, garantizar acceso al agua potable, promover espacios seguros para la actividad física y facilitar el consumo de alimentos frescos. También se necesita una regulación efectiva de la publicidad dirigida a menores y políticas que reduzcan las desigualdades alimentarias.

El nuevo etiquetado ha sido un avance importante, pero no puede cargar con toda la responsabilidad. La obesidad infantil es un problema social, económico y de salud pública. Para enfrentarla, México necesita transformar no solo las etiquetas, sino el entorno en el que los niños aprenden, juegan, compran y comen.