OJO: Estos son los cuidados que no deben faltar en pacientes con migraña

Según el Boletín de la UNAM, la migraña es una enfermedad que produce discapacidad, por lo tanto, repercusiones económicas importantes.

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La migraña es un padecimiento más común de lo que creemos, por lo tanto, debemos tener en cuenta varios aspectos como profesionales de la salud. Al tratar con pacientes que sufren dicho padecimiento.

¿Qué es la migraña?

Según el Boletín de la UNAM, la migraña es una enfermedad que produce discapacidad, por lo tanto, repercusiones económicas importantes. El primer episodio generalmente se presenta en la niñez, pero este padecimiento persiste a lo largo de la vida. Los picos más grandes ocurren entre los 25 y 45 años de edad, y se extienden hasta los 65.

Felipe Arturo Vega, académico de la Facultad de Medicina de la UNAM, señaló que en México la prevalencia de migraña es de alrededor del 16 por ciento. Si hablamos de una población de más de 120 millones (según el último conteo de INEGI en 2015, ese año éramos 119 millones 938 mil 473), entonces podemos decir que hay casi 20 millones de pacientes migrañosos.

Tratamiento

El neurólogo universitario enfatizó que este padecimiento no tiene cura, pero existen tratamientos para mantenerlo controlado y mejorar la calidad de vida de los afectados. De igual manera, “es importante identificar si hay algún factor detonante para evitarlo”.

Si ya se presentó el episodio, es necesario administrar analgésicos de acción rápida, y si ocurre más de tres veces al mes, lo indicado son los medicamentos “profilácticos” por etapas determinadas para disminuir la intensidad y periodicidad. También existen otras alternativas como la acupuntura, yoga, relajación y ejercicio, concluyó.

¿Pero qué cuidados son lo que hay que tener en cuenta a la hora de tratar con este tipo de pacientes?

Según el Plan de cuidados en paciente con migraña acompañada son los siguientes:

  1. Realizar una valoración exhaustiva del dolor que incluya la localización, características, aparición / duración, frecuencia, calidad, intensidad o severidad del dolor y factores desencadenantes.
  2. Observar claves no verbales de molestias, especialmente en aquellos que no pueden comunicarse eficazmente.
  3. Asegurarse de que el paciente reciba los cuidados analgésicos correspondientes.
  4. Utilizar estrategias de comunicación terapéuticas para reconocer la experiencia del dolor y mostrar la aceptación de la respuesta del paciente al dolor.
  5. Proporcionar información acerca del dolor, tales como causas del dolor, el tiempo que durará y las incomodidades que se esperan debido a los procedimientos.
  6. Administración de analgésicos: Utilización de agentes farmacológicos para disminuir o eliminar el dolor.
  7. Determinar la ubicación, características, calidad y gravedad del dolor antes de medicar al paciente.
  8. Comprobar historial de alergias y órdenes médicas sobre el medicamento, dosis y frecuencia del analgésico prescrito.
  9. Evaluar la capacidad del paciente para participar en la selección del analgésico, vía y dosis, e implicarle, si procede.
  10. Elegir el analgésico o combinación de los mismos, cuando se prescriba más de uno.
  11. Mantener un ambiente cómodo y otras actividades que ayuden en la relajación para facilitar la respuesta a la analgesia.
  12. Administrar los analgésicos a la hora adecuada para evitar picos y valles de la analgesia, especialmente con el dolor severo.
  13. Establecer expectativas positivas respecto de la eficacia de los analgésicos para optimizar la respuesta del paciente.

Por último, enlistamos un par de actividades, que no sólo optimizaran el trato hacia tu paciente. Sino que fomentaran un lazo empático médico.

  • Tratar de comprender la perspectiva del paciente sobre una situación estresante.
  • Escuchar con atención.
  • Crear un ambiente que facilite la confianza.
  • Instruir al paciente sobre el uso de técnicas de relajación.
  • Identificar los cambios en el nivel de ansiedad.
  • Ayudar al paciente a identificar las situaciones que precipitan la ansiedad.
  • Administrar medicamentos que reduzcan la ansiedad, si están prescritos.
  • Utilizar un enfoque sereno que dé seguridad.

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