En las últimas dos décadas, la oncología ha experimentado una transformación acelerada impulsada por el entendimiento celular y molecular del cáncer. Este avance ha permitido el desarrollo de terapias dirigidas y ha consolidado a los biomarcadores como un pilar esencial en la toma de decisiones clínicas. Sin embargo, los datos más recientes muestran una realidad dual: un progreso significativo acompañado de brechas persistentes que limitan el acceso equitativo a la medicina de precisión.
Entre 2015 y 2024 se han lanzado 154 nuevas sustancias activas en oncología en Estados Unidos, en su mayoría terapias dirigidas. Este crecimiento refleja el cambio estructural hacia tratamientos personalizados. A su vez, las tasas de pruebas de biomarcadores han aumentado de forma importante, alcanzando niveles cercanos a la adopción plena en algunos tipos de cáncer.
Para diciembre de 2024, las tasas de testeo en biomarcadores establecidos alcanzan aproximadamente 95% en cáncer de pulmón de células no pequeñas (NSCLC), 80% en cáncer de mama y ovario, y 75% en cáncer de próstata. Aunque estas cifras evidencian avances, también revelan una disparidad clara entre tumores, así como una adopción aún incompleta en ciertas áreas clave.
Además, el análisis muestra que hasta 76% de los pacientes recibe atención en hospitales comunitarios, lo que subraya la necesidad de garantizar que la implementación de biomarcadores no dependa del tipo de institución. A pesar de que los centros académicos suelen liderar la adopción, los entornos comunitarios están comenzando a cerrar esta brecha, aunque todavía existen diferencias en acceso, infraestructura y velocidad de integración.
Las variaciones no solo ocurren entre tipos de cáncer, sino también dentro de ellos. En cáncer de mama, por ejemplo, algunos biomarcadores como PIK3CA alcanzan 81% de pruebas, mientras que otros como ESR1 se quedan en 37%. En cáncer de próstata, biomarcadores como PSMA llegan a 75%, mientras que otros como TMB solo alcanzan 48%. Estas diferencias reflejan una adopción desigual incluso cuando existen opciones terapéuticas disponibles.
Uno de los factores más relevantes en la adopción de biomarcadores es la incorporación en guías clínicas. Casos como ALK y NTRK en NSCLC evidencian este impacto: tras su inclusión en guías, las tasas de prueba aumentaron 147% y 88% respectivamente. Sin embargo, alcanzar niveles cercanos al 95% puede tomar años; en el caso de ALK, el proceso tomó más de una década.
A nivel operativo, también existen diferencias en los tiempos de respuesta. Pruebas como PCR pueden entregar resultados en 4 a 5 días, mientras que métodos más complejos como NGS tardan entre 9 y 10 días, y FISH puede superar los 12 días. Estas variaciones impactan directamente en la velocidad de decisión clínica y el inicio de tratamiento.
A pesar del progreso, persisten barreras estructurales que limitan la implementación óptima. Entre ellas destacan la calidad de las muestras, la fragmentación en la integración de guías clínicas, la variabilidad en cobertura y reembolso, la falta de interoperabilidad tecnológica y la limitada educación tanto de médicos como de pacientes.
Un dato crítico es que hasta 30% de las biopsias pueden ser rechazadas por calidad insuficiente, lo que retrasa diagnósticos y limita el acceso a terapias dirigidas. Asimismo, la falta de integración entre sistemas clínicos dificulta el uso oportuno de la información, mientras que los costos y la incertidumbre en reembolsos generan barreras adicionales para pacientes y proveedores.
A nivel de impulsores, las recomendaciones en guías clínicas destacan como el principal motor de adopción, con un impacto calificado en 4.6 sobre 5, mientras que la disponibilidad de tejido para análisis representa la barrera más significativa, con un impacto de 4.3 sobre 5.
El avance en oncología de precisión es innegable. Las tasas de adopción han crecido, la evidencia clínica se ha fortalecido y el pipeline terapéutico continúa expandiéndose. Sin embargo, los datos muestran que el reto ya no es únicamente innovar, sino asegurar que esa innovación llegue de manera equitativa y consistente a todos los pacientes.
La promesa de la medicina de precisión no se cumplirá únicamente con nuevos tratamientos, sino con sistemas capaces de integrarlos de forma efectiva. Hoy, el verdadero desafío no es descubrir más biomarcadores, sino garantizar que cada paciente que los necesita pueda beneficiarse de ellos en el momento adecuado.
Héctor Salinas es egresado del CECC Pedregal en la Licenciatura en Marketing y Publicidad. Cuenta con más de 10 años de experiencia en la industria pharma para el desarrollo de campañas y proyectos especiales para las principales farmacéuticas a nivel mundial. Actualmente es CEO de McCANN Health – Sistemas Integrales. AN IPG Health Company, agencia líder en el ramo farmacéutico con productos y marcas que cuentan con líderes en el mercado health.

