Aunque en ocasiones se le subestima, en realidad la tuberculosis representa un grave problema de salud pública a nivel global. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) es la decimotercera causa de muerte y la enfermedad infecciosa más mortífera por detrás de la Covid-19. Mientras que tan solo durante 2020 provocó 1.5 millones de fallecimientos. Por eso es de gran relevancia un trabajo que identificó dos potenciales nuevos antibióticos.

En una investigación tripartita en la que participaron académicos del Instituto de Biotecnología (IBt) de la UNAM; de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos; y del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, se descubrieron, aislaron y sintetizaron dos moléculas nuevas de antibióticos a partir de precursores del veneno de alacrán.

Nuevos antibióticos contra la tuberculosis

Se trata de dos benzoquinonas, una roja y otra azul, que en la UNAM se encontró son potentes antibióticos que matan bacterias (como Staphylococcus aureus y Mycobacterium tuberculosis) y son antineoplásicos contra varios tipos de células cancerígenas, informó el investigador emérito del IBt, Lourival Domingos Possani Postay, quien encabezó los trabajos.

“Son unos antibióticos que no están como tales en el alacrán, éste tiene unas sustancias que son precursoras del antibiótico. Cuando nosotros sacamos el veneno del alacrán, al contacto con el aire atmosférico el oxígeno modifica al precursor y hace aparecer un color del veneno”.

En el laboratorio del IBt Possani y sus colaboradores aislaron esos componentes con color (azul y rojo) e intentaron determinar su estructura. Las nuevas moléculas se obtuvieron a partir de precursores del veneno del alacrán Diplocentrus melici, proveniente de Veracruz. Fueron caracterizadas químicamente por resonancia magnética nuclear y por espectrometría de masas en colaboración con la Universidad de Stanford.

Posteriormente, en el IBt se comprobaron sus potentes propiedades como antibióticos en modelos de ratón y en cultivos celulares, donde matan bacterias y combaten varios tipos de células cancerígenas. En tanto, en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán se demostró que son excelentes antibióticos en contra de cepas multidrogoresistentes de Mycobacterium tuberculosis.

“El componente azul es tan bueno para impedir la infección como la Isoniazida, el principal antibiótico recomendado por la Organización Mundial de la Salud para el tratamiento de la tuberculosis”.

Detalló que para usar a futuro estas moléculas como medicamentos, solicitaron la patente inicial que se llama PCT, “es internacional, pero se tiene que registrar en los diferentes países. Una vez que cumplimos el plazo internacional, requerimos el patentamiento en cinco regiones”.

¿Y ahora qué sigue?

El proyecto, actualmente en trámite de patente en México, Estados Unidos, más de 20 países de la Comunidad Europea, Sudáfrica y China, obtuvo el segundo lugar en la novena edición del Programa para el Fomento al Patentamiento y la Innovación, que organiza la Coordinación de Vinculación y Transferencia Tecnológica de la UNAM.

Cuando las licencias estén listas, los beneficios se dividirán en tres partes: 40 por ciento para la UNAM e igual porcentaje para la Universidad de Stanford, así como 20 por ciento para el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, aclaró.

“Ahora, lo que falta es encontrar una compañía farmacéutica que esté dispuesta a invertir para hacer los ensayos clínicos. Una vez aprobada por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios se tienen que hacer los ensayos preclínicos en varios tipos de animales (nosotros ya lo hicimos con ratón) para demostrar que no hace daño, y después hacer las fases clínicas para poderlo usar en humanos”.