México es uno de los países con mayores retos de obesidad en todo el mundo. No solo se experimenta un peligroso aumento de los casos más graves. Asimismo, se cree que el gasto en salud relacionado a este padecimiento puede llegar a casi 2 mil millones de pesos para 2050. La población mayor de edad sería una de las más afectadas, debido a la incidencia de Alzheimer.

Un estudio en la revista Age and Ageing comprobó que el riesgo de Alzheimer es mayor en pacientes mayores que han sufrido de obesidad por mucho tiempo. De acuerdo con David Melzer, autor líder de la investigación, la relación entre ambos padecimientos resulta muy interesante. Al principio, parece que un alto Índice de Masa Corporal (IMC) protege ante las demencias. Pero en el largo plazo, éste marcador de hecho implica mayor riesgo de condiciones neurodegenerativas.

Observación de la obesidad por más de una década

El estudio siguió a pacientes sin signos de demencia por 15 años. Todos los participantes tenían entre 65 y 74 años. Un primer grupo fue conformado por 257 mil 523 individuos “sanos”. Es decir, que no tenían diagnósticos de cáncer, no fumaban ni había historial de problemas crónicos. Otros 161 mil 927 adultos fueron agrupados por sus hábitos y condiciones adversas, como la obesidad.

Durante los primeros 10 años de observación, los pacientes con obesidad tenían menor probabilidad de desarrollar demencia que los individuos con un peso saludable. Pero después de este periodo, se asoció un alto IMC con una tasa 17 por ciento superior a desarrollar Alzheimer.  Melzer reafirmó que estos hallazgos parecen contradecir otros estudios. Algunos expertos proponen que un peso excesivo podría proteger frente a ciertas condiciones mentales.

[Se sabe que el Azheimer puede tardarse hasta 20 años en desarrollarse antes del diagnóstico]. Este lento desarrollo hace difícil separar los riesgos reales y los efectos de la enfermedad. En general, perder peso, tener una vida físicamente activa y mantener los niveles de presión sanguínea y colesterol bajo control debería hacer una gran diferencia en el riesgo de demencia.

No es la primera vez que un estudio sugiere que la obesidad no es un factor de protección ante la demencia. Una investigación, publicada en la misma revista por la Escuela Londinense de Higiene y Medicina Tropical llegó a conclusiones similares. Apuntaron que la demencia podría fomentar una pérdida de peso en los pacientes, no que un bajo IMC aumenta el riesgo de Alzheimer.

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