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Tener perrhijos puede ocasionar trastornos psicológicos en los dueños y las mascotas

Los animales de compañía merecen respeto pero si se llega al extremo opuesto de pensar que son personas se generan trastornos psicológicos.
trastornos psicológicos
  • Los animales de compañía han existido desde hace miles de años.
  • En algunos hospitales se utilizan caninos para acompañar a pacientes internados o en etapas terminales por los beneficios emocionales que ofrecen.
  • En el 2011 surgió el vocablo “perrhijo”, el cual combina en una misma palabra el concepto de perro e hijo.

 

La relación entre el humano y los animales se remonta hasta los inicios de la historia. Conforme ha transcurrido el tiempo algunas especies se han domesticado y hoy son de compañía en millones de hogares. De hecho, durante los últimos años ha surgido el término “perrhijos” y aunque podría no tener relevancia en realidad ha causado un efecto colateral y se trata de un aumento en los trastornos psicológicos.

Beneficios que aportan los animales de compañía

En primera instancia, tener mascotas como perros o gatos es algo común e incluso es de utilidad para los niños. A una edad temprana les enseña el sentido de la responsabilidad y su relevancia para la etapa adulta.

De igual forma, algunos hospitales han optado por incorporar los animales de compañía en algunas áreas por sus beneficios emocionales. En especial en pacientes internados o en etapa terminal son de utilidad para hacer menos complicados los días.

Pero aunque siempre se ha impulsado el trato digno y con respeto hacia los animales, cuando se llega al extremo opuesto de considerar que se trata de personas es bastante peligroso. Todo esto conduce a la adopción del vocablo “perrhijo”, el cual combina en una misma palabra el concepto de perro e hijo.

¿Qué son los perrhijos?

Se utiliza para describir a las familias, en especial solteras, que adoptan un canino y le ofrecen una atención demasiado detallada. Se les atiende como personas y al final puede conducir al desarrollo de trastornos psicológicos tanto para los dueños como para las mascotas.

De acuerdo con Raúl Valadez Azúa del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, la relación hombre-perro, caracterizada por pautas equivalentes al cuidado de un niño, es resultado del aislamiento personal, la inseguridad y la cibercomunicación.

Aseguró que cuando se trata a un perro como si fuera un humano se rompe con la interacción que existe entre ambas especies desde hace 20 mil años. Introducir a un animal a un esquema que no es parte de su esencia afecta su perspectiva y es incapaz de procrear, porque no reconoce a los miembros de su especie como sus pares.

Puntualizó que los perros son animales domésticos cuya historia se funde con la del hombre en tiempo y profundidad. Al respecto, señaló que el fósil más antiguo de un cánido data de hace 33 mil 500 años.

Finalmente, Jair Díaz Hurtado, de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, afirmó que en la actualidad muchas creencias y prácticas culturales relacionadas con el perro siguen vigentes en los pueblos indígenas, lo que ha influido para que los perros tengan el valor que merecen en nuestra cultura.

A partir de todo lo mencionado, la distinción entre un humano y una mascota siempre debe prevalecer. En caso contrario ambas partes se encuentran en riesgo de sufrir trastornos psicológicos por alterar la relación.

 

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