Ser un profesional de la salud no evita enfermedades y padecimientos. Por lo mismo, absolutamente todas las personas necesitan acudir a revisiones cuando se sienten mal o de manera preventiva. Aunque uno de los problemas es que por lo regular los médicos son los peores pacientes que existen.
Uno de los principales consejos que siempre se mencionan es acerca del peligro de la automedicación. Nadie debe consumir fármacos sin el previo aval de un profesional de la salud y eso incluye a los doctores. De manera obligatoria se debe acudir a una consulta para identificar el origen del malestar.
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¿Por qué los médicos son los peores pacientes que existen?
Con lo anterior en mente, el Dr. Miguel Padilla publicó un video en el que aborda varios temas. Uno de los principales es que de acuerdo con su experiencia los médicos son los peores pacientes que existen.
Dentro de sus argumentos menciona que incluso antes de ingresar al consultorio empiezan las críticas. La primera se genera con la recepcionista y lo natural es hacer comparaciones. “La mía es más amable y empática”, menciona el médico y creador de contenido.
Aunque tal vez la mayor queja se genera con la calidad del servicio. Cuando un médico es atendido por otro médico de inmediato califica la atención y tiende a minimizarla aunque no lo diga y simplemente lo piense. “Me revisó muy rápido; yo lo hago mejor y con mayor detalle”.
@doctormiguelpadilla No tengo pruebas ni dudas
El fenómeno del Paciente de Bata Blanca, ¿mito o realidad?
Cuando un médico cruza el umbral del consultorio como paciente, ocurre una ruptura de identidad. Para alguien entrenado en el diagnóstico y la toma de decisiones, ocupar el asiento del examinado resulta antinatural.
- El sesgo de autodiagnóstico: El médico-paciente rara vez llega “en blanco”. Llega con un diagnóstico diferencial ya trazado en su mente, a menudo sesgado hacia lo más catastrófico o lo más insignificante, ignorando el punto medio.
- La negociación del tratamiento: No suelen aceptar una receta de forma pasiva. Cuestionan la farmacocinética, sugieren alternativas de marcas o ajustan las dosis por cuenta propia, lo que complica la adherencia al tratamiento.
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La barrera del lenguaje de pares
A menudo, el médico que atiende a un colega comete el error de omitir explicaciones básicas, asumiendo que el otro “ya lo sabe”. Esto crea lagunas de comunicación peligrosas.
Por respeto o intimidación, el médico tratante puede no ser tan riguroso en la exploración física o en las preguntas sobre hábitos de vida, asumiendo que su colega es impecable en su autocuidado.
Sumado a lo anterior, en el contexto de instituciones como el IMSS o el ISSSTE, el médico que se convierte en paciente enfrenta un reto adicional: el sistema. Conoce las carencias, los tiempos de espera y los procesos burocráticos desde adentro. Esto puede convertirlo en un paciente “exigente” no por soberbia, sino por el miedo genuino a quedar atrapado en los engranajes de un sistema que él mismo opera a diario.
Por todo lo mencionado es que el mito que afirma que los médicos son los peores pacientes que existen podría ser verídico. Aunque la mayoría de las ocasiones no se trata de críticas sin fundamento sino de opiniones basadas en lo que ocurre dentro de los consultorios.
